El gobierno de Mario Abdo terminará pagando un alto costo por haberlo puesto a Eduardo Petta al frente del Ministerio de Educación y Ciencias. Petta, a juzgar por su actuar en los cargos públicos que ocupó, observándolo positivamente, se destacó por una conducta de confrontación, de choque permanente, que lo evidenció cuando estuvo como fiscal, director de la Patrulla Caminera y senador. Es decir, podría en todo caso servir para derribar estructuras o esquemas corruptos. Siempre me pareció que hasta podría ser un buen director de Aduanas, pero, ministro de Educación, nunca.

En el MEC podrían existir estructuras que romper, pero la razón del éxito en esa institución no se medirá en cuánto dinero se ahorró o cuánto gastó, sino en la capacidad de articular soluciones en los diferentes frentes. El ministro de esa cartera no está solamente para mandar preso a nadie ni hacer multar al infractor ni para perseguir solamente al corrupto. Está para hacer que funcione en forma permanente todos los estamentos educativos. Para ello se necesita una idea mínima de cómo funciona esa estructura y qué se quiere como objetivo final. Petta, a todas luces, no tiene ese perfil.

A modo de ejemplo, me escribe en la semana un representante que forma parte de una de las 3 empresas fiscalizadoras que están en litigio judicial con el MEC. En el escrito detalla el problema real y desnuda las mentiras del ministro, en una situación que pudo haberse evitado, sin que le cueste ninguna erogación al MEC, pero, por la terquedad de Petta generó un lío innecesario y encima con tufo a negociado.

El caso de las aulas móviles, el MEC destinó G. 15.000 millones (sin control alguno) para la compra de 176 aulas móviles; lo que da como resultado la suma de G. 85.000.000 cada aula. Aduciendo una situación de emergencia, la institución realizó la adquisición de las aulas prefabricadas o aulas móviles mediante un convenio con la OEI. La OEI tuvo a su cargo todo el proceso de licitación con el mismo método utilizado para las adquisiciones de bienes y servicios a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Es decir, sin el control de la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP) que es el organismo de fiscalización de los procesos licitatorios con recursos públicos.

Alejandro Duarte, quien es amigo del ministro y director de Administración y Finanzas de la institución, sobre el precio de las aulas prefabricadas manifestó que G. 85 millones es razonable, ya que el MEC maneja el precio por aula de G. 150 millones aproximadamente con materiales cocidos. El Banco Mundial, que hace un estudio serio del mercado, sostiene que cada aula, totalmente equipada, cuesta G. 62.900.000.

El costo aproximado de cada aula prefabricada es de unos G. 85 millones con un promedio de vida útil de 10 años con mantenimiento incluido, versus un aula de material cocido con 50 años de vida útil, a un costo promedio de G. 62.900.000.

Si uno solicita un presupuesto a varias de las firmas adjudicadas, remiten un presupuesto de viviendas prefabricadas, que tampoco se puede comparar, porque una vivienda es más costosa que un aula. El presupuesto que envían es de G. 1.500.000 por m2.

Si cada vivienda móvil cuesta G. 1.500.000 el m2, el aula debería costar a lo sumo G. 42.000.000 ya que la medida estándar es de 28 m2. La diferencia entre G. 85.000.000 (precio pagado por el MEC) y G. 42.000.000 (precio al público en general) es de G. 43.000.000, es decir, esta suma multiplicado por 176 aulas arroja G. 7.568.000.000.

¿Cómo justifican esta inconsistencia? ¿Quién se quedó con este dinero? Esta adquisición del MEC cuya documentación detallada no es pública porque no está en el portal de la DNCP provocó la reacción de los oleros y ceramistas, un frente innecesario abierto por Petta. A todo esto se suma el anuncio del levantamiento de los estudiantes por la falta de docentes en más de 2 mil aulas, situación previsible que pudo haberse evitado, la desprolijidad en la distribución del almuerzo escolar y la ola de reclamos de senadores de distintos sectores sobre el tema presupuestario. Mientras todo esto pasa, Petta sigue buscando planilleros y controlando el reloj marcador de sus funcionarios. Con este ministro, la educación nunca será una causa nacional, como lo prometió el Presidente. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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