• Por Carlos Mariano Nin

La historia de Richard salió a luz, pero en sí revela un sinfín de historias que no tuvieron final feliz ni espacio en los medios. Fue un caso de quien sabe cuántos. Se cuentan por miles las denuncias que nunca tuvieron un desenlace en la justicia y quedaron archivadas y olvidadas en alguna comisaría o algún juzgado.

Pero volvamos a Richard. Policías lo detuvieron mientras iba en su coche. Lo que vino después no solo cambiaría su vida, dejaría detrás un rastro de familias destrozadas.

Lo bajaron del auto en un procedimiento irregular. Hubo un forcejeo. Una discusión… y un disparo.

El resto de la historia creo que lo conocemos todos. Richard recibió un tiro que le provocó una parálisis en más del 84% de su cuerpo.

No solo tuvo que sobrevivir al dolor. La justicia condimentó el sufrimiento durante largos tres años. Pero el juicio llegó a su fin. El martes 26 de febrero del 2019 los policías Jhony Orihuela y Jorge Zárate eran condenados a 20 y 11 años de cárcel, respectivamente.

Fue sin dudas un día con ese sabor agridulce de la justicia y la impotencia. De sentimientos encontrados entre la alegría, la tristeza, la esperanza y la incertidumbre. Pero también fue un día de terribles coincidencias.

Mientras se leía la condena por el caso de Richard Pereira, dos policías de investigaciones disparaban más de 50 tiros contra un transporte escolar en una alocada persecución por las calles de Areguá. El procedimiento dejó dos niñas de 11 y 8 años heridas y mucho, mucho miedo.

Cinco policías fueron imputados por el irregular operativo. Entre los autores de los disparos se nombra al suboficial segundo Jorge Manuel Cañiza quien también habría estado involucrado en el operativo en el cual falleció el comisario Arístides Peralta el año pasado presumiblemente a manos de… otro policía.

Mientras este embrollo iba de boca en boca, un poco más lejos, pero no tanto, en Ciudad del Este, eran detenidos tres policías, entre ellos dos agentes del “en algún momento respetado” Grupo Lince, por secuestro y extorsión.

A estas alturas la pregunta recurrente es, y ahora ¿quién nos protege de la Policía?

Pero la Policía tiene un largo historial de corrupción y errores. Vicios que se heredaron de la dictadura donde, como instrumentos del poder criminal del dictador, actuaban con impunidad y terror diseminando prepotencia y miedo. Nunca se depuró.

Y como si fuera poco el propio director de la Academia Policial, Milciades Ocampos, disparaba a un medio de comunicación que los policías se basan en teorías racistas para identificar sospechosos. Sí. Si tenés rasgos físicos de los nativos americanos, fuiste. Sos el primer sospechoso y quizás la próxima víctima.

Hoy, un policía te puede plantar evidencias, te puede pedir una coima o pegarte un tiro. Siempre será una sorpresa. Nunca se sabe cuándo respondiendo a una denuncia el uniformado va a ponerse de tu lado o del lado de tu verdugo. En muchos casos dependerá de lo que haya de por medio.

En el Ministerio del Interior alguien se agarra de la cabeza, pero no va a hacer nada. Muchos dicen que no tiene la más pálida idea de la labor que le dieron.

Mientras en las calles la gente seguirá huyendo y evitando el contacto con la Policía. Por las dudas nomás y por amor a la vida. Después de todo… nunca se sabe.

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