- Por Bernt Entschev
- Fundador de De Bernt
Todos, en algún momento de nuestra niñez, hemos escuchado esta pregunta de algún adulto, pariente de la familia, o de amigos más cercanos: “¿Qué vas a ser cuando seas grande?”. En la inocencia del niño, responde por profesiones que están a su alcance, inspirándose en sus padres, tíos o en la profesión que popularmente logran visibilidad en los medios de comunicación en el momento.
Esta pregunta aunque modesta puede tener varias influencias en los futuros profesionales. Por eso, es importante que estemos atentos al tono de la pregunta cuando es realizada a un niño. La primera regla es no presionar al niño diciendo “vas a ser médico, ingeniero o algo parecido”, o en casos extremos, jamás quitar mérito de una posible respuesta del niño. Si cree que un niño tiene una aptitud, debe conversar con él sobre estas profesiones de manera lúdica dentro del universo infantil. Este diálogo aumentará la curiosidad.
Por otro lado, es el rol de los padres saber cuál es la tendencia de mercado para las próximas décadas. Hoy, por ejemplo, sabemos que la tecnología de la información es la tendencia del momento. Entonces debemos aprovechar el mundo digital para abrir los ojos de los hijos para que ellos puedan ir sintiendo un poco del mercado.
Todo este apoyo puede contribuir para que el adolescente tenga una decisión más acertada cuando llegue el momento. Sin embargo, no se puede ser precipitado si esto no ocurre y la decisión aparece más adelante. Como consultor de carreras he visto muchos casos iguales y no por eso esas personas dejaron de ser excelentes profesionales en sus elecciones ‘tardías’.
Pero, en este contexto quiero destacar dos casos que sucedieron en mi propia familia. Mi hijo, cuando era niño y adolescente siempre quiso ser médico. Y así ocurrió. Se graduó en medicina y actuó por un buen tiempo, muy feliz. Sin embargo, con su carrera consolidada, él decidió que era momento de trabajar en otra área. Cerró su carrera de médico y decidió actuar en la empresa de su padre. Hoy, hace buenos años, actúa en el área de reclutamiento y selección y está muy feliz también.
También tengo una nieta que tiene 18 años. Ella es de una generación que tiene acceso a la información con más facilidad. Hoy ella está estudiando Derecho y Administración. Sin embargo, aún no definió en que área debe actuar. Ciertamente, con su historial y la vivencia universitaria le dará soporte para la decisión en el momento correcto.
La lección que este tema deja es que no existe una edad adecuada para elegir una profesión. Excluyendo los pocos afortunados que ya nacen sabiendo qué desean ser, esta decisión va a acontecer poco a poco en la suma de un conjunto de factores como herencia genética, influencia de la familia y círculo de información. Como adultos, lo importante siempre es incentivar y apoyar al niño, al joven y al adolescente a siempre buscar informaciones sobre lo que le parece legal. Resta, dejar que el tiempo desempeñe su papel.