- Por Felipe Goroso S.
- Analista
- Twitter: @FelipeGoroso
El 2018 fue un año marcado por múltiples desavenencias en lo político.
Hubo más traiciones de las que uno pude digerir. Gente que hizo campaña para que un candidato a senador efectivamente sea senador y llegado el momento no permitirle asumir.
Gente que prometió desempeñar sus funciones con lealtad y patriotismo, sin embargo, apenas asumió entregó Petropar a los emblemas privados, el MOPC a las constructoras de los amigos y lo que era la Sicom pasó a ser una sucursal de un canal de telenovelas de los noventas. Y cuando eso pasa el Estado pierde. Y entonces pierde el Paraguay, perdemos todos.
Gente que prometió hacer de la educación una causa nacional, pero lo que en realidad nos mostró es una crisis de gobernabilidad ministerial en una tempranera disputa de poder. Priorizó a un sector de los gremios docentes, por ser operadores políticos oficialistas y se mostraron reacios a cumplir un acuerdo más amplio con que sí incluía a todos los docentes.
Gente que prometió darle a los pueblos indígenas un lugar especial, quiero creer que las plazas del Congreso, las calles de Asunción y las veredas del INDI no son ese lugar especial que les prometieron. Espero que hay un lugar mejor para ellos, el que realmente se merecen.
Gente que gracias a la dirigencia y al Partido Colorado, no obstante, se olvidó de su partido como institución y en vez de ser un Gobierno Nacional se volvió un Gobierno Añetete. Nos prometieron un gobierno de la gente, lo que no nos contaron es que iba a ser un gobierno para su gente. Y hasta ahora para nadie más.
Y finalmente, en el 2018 conocimos gente que prefiere los aplausos de salida que los aplausos de entrada. Me preocuparía de que esos aplausos efectivamente lleguen. En algún momento, pero lleguen, después de todo; de eso se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a. Por todo eso y mucho más, nos merecemos que el 2019 sea un mejor año que el 2018. ¡Salud!

