- Por Dany Fleitas
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Se baja el telón de un 2018 marcado por las elecciones, el cambio de gobierno, las movilizaciones ciudadanas, el arresto de “peces gordos” vinculados a la narcopolítica y al enriquecimiento ilícito. Pero también quedaron a la vista hechos notorios como por ejemplo que los grupos del crimen organizado seguirán creciendo y marcando la agenda en Paraguay, en una lucha sin igual con las fuerzas del orden.
La ciudadanía organizada, que este año salió a las calles a hacer todo tipo de reclamos, tuvo un rol importante y forzó determinaciones clave a nivel legislativo y judicial, que permitieron ver históricos arrestos por enriquecimiento ilícito del senador Óscar González Daher, del ex fiscal general Javier Díaz Verón y de su señora, así como del diputado añetetista Ulises Quintana, por sus vínculos con la narcopolítica. Además, sendos operativos antidroga permitieron dar con redes dedicadas al narcotráfico, como ocurrió con el ya tristemente célebre “Cucho” Cabaña y el hallazgo de un hangar de la familia D’Ecclesiis atestado de avionetas con sospechas de dedicarse al tráfico internacional de cocaína.
Al margen de los acontecimientos relevantes de la política nacional e internacional, ¿qué es lo que la gente observa y siente para medir o calificar a un gobernante? ¡Su bolsillo! Así de simple. A la gente le llama la atención y se informa sobre lo que hacen los políticos, pero en realidad les importa poco y lo que verdaderamente les preocupa es su bolsillo. Es por eso que los gobernantes de turno deben cuidar mucho el equilibrio y no confundir lo que es acción con gestión. Las acciones pueden ser brillantes –muchas veces solo con fines populistas– pero si no son acompañadas con medidas económicas que favorezcan al bolsillo de la gente, entonces no sirven para nada.
Es cierto, este gobierno arrancó en medio de conflictos políticos que se venían dando desde hace meses, que tenían su epicentro en el Senado y en Diputados, pero increíblemente en vez de despegarse lo más pronto posible de ellos para construir su propio camino –lo que todos esperaban–, se aferró a ellos. El Ejecutivo quedó muy pegado, asociado, identificado con sus aliados políticos de una facción interna en el Congreso, olvidando que a partir del 15 de agosto es el presidente de la República de todos los paraguayos. Puede hacerlo, y está hasta en su derecho, pero eso tiene sus consecuencias, porque las serias denuncias de hechos de corrupción vinculados a sus protegidos como Miguel Cuevas, Rodolfo Friedmann, Patricia Samudio, entre otros, terminaron por convertirlo en un blanco de críticas.
Es por esas cosas, y por los llamativos nombramientos de allegados en todas las entidades, que a este gobierno se lo percibió como más preocupado por el bienestar de sus amigos que por la misma gente, que paradógicamente esa palabra es el principal insumo de un bien logrado slogan aunque no acorde con los resultados, hasta ahora.
Todo puede ocurrir, y el pueblo hasta tolera abusos, pero lo que ya no va a tolerar nunca es que se le toque el bolsillo y se juegue con su futuro. La gente quiere tener la tranquilidad y la seguridad de si mañana, pasado, el mes que viene, el año 2019, tendrá condiciones favorables de seguir trabajando –o conseguir un trabajo– para darle a la familia un sustento acorde a sus necesidades de alimentación, salud, educación y recreación. Con más razón, los micro, medianos y grandes empresarios, quienes mueven la economía, quieren tener previsibilidad y para eso observan qué va a pasar en el próximo quinquenio.
El país ha venido creciendo a un ritmo del 5% en el último quinquenio y para este año se prevé cerrar con no más del 4%. Esto quiere decir que se va a dar una pequeña desaceleración con respecto al ritmo que veníamos teniendo. Se dieron varias variables atribuibles también al freno del Brasil y de la Argentina, pero está claro que impactó el cambio de posta gubernamental y los nuevos inquilinos no encontraron la fórmula ideal para sostener ese crecimiento que nos hacía bien a todos. Para no ser negativos, hay esperanzas, ya que se prevé crecer 4,3% el año entrante. El Gobierno, que hasta ahora hizo poco en seguridad, educación y salud, tiene que sacar provecho de esta ola de crecimiento de hace más de una década y reivindicarse en el 2019.
Esta reflexión es producto de varios comentarios de gente trabajadora, con quienes me encontré el fin de semana. A modo de remate, transcribo a continuación la reflexión de un amigo que me quedó y que creo resume lo que siente el pueblo en realidad: “No hemos empezado a transitar aún en lo que realmente nos interesa, inversión extranjera, seguridad, salud y educación. Aún no levantamos vuelo y estamos con más incertidumbres que realidades. Por lo tanto, es una ingobernabilidad a cielo abierto”.

