• Por Augusto dos Santos
  • Analista

En la semana que pasó se instaló con ardor el debate sobre el Servicio Militar Obligatorio. No soy un objetor de conciencia al servicio militar obligatorio en el sentido conocido y convencional. Creo que el componente armado, el estamento militar, es muy importante para el imprescindible juego de poder en la República, en esta y en cualquier otra.

Mi problema no es con el SMO (Servicio Militar Obligatorio) –en esencia–, sino con la impertinencia de plantear esta agenda en estos tiempos en que los jóvenes del Paraguay necesitan otras perspectivas.

El planteo de las razones y los motivos del reverdecimiento del SMO en el Paraguay no tiene un relato claro y mucho menos organizado hasta el momento. Las versiones que existen son sumamente enclenques para sostener su pertinencia. Pero hay algo más grave aún. Cuando se plantea un proyecto que tiene que ver con los jóvenes, peor aún en un país con un proceso clave en materia del mentado bono demográfico, los proyectos deben ser muy bien determinados, desarrollados y con resultados esperados muy serios, porque de qué estamos hablando cuando hablamos de los jóvenes del Paraguay si no del último tren que tenemos para salir del estadio de infortunio al que alude don Augusto Roa Bastos.

Por ejemplo, cuando se plantea que el SMO es una alternativa para el estudio e incluso la ocupación de los jóvenes, estamos procediendo, oficialmente como país, a bajar la vara y reconocer que ni el sistema educativo, ni la universidad ni el sistema laboral tendrán una idea mejor. Ese es el costado frustrante cuando hablamos del SMO como alternativa.

En un país con el bono privilegiado del Paraguay, la única alternativa para un joven que cumple 18 años tendría que ser la universidad. La única. Y, obviamente, al mismo tiempo, algún tipo de compromiso laboral o programa condicionado que le ayude a terminar su ciclo profesional.

DERROTA

Cuando se trata de explicar con mayor precisión y se plantea que se trata de un programa que beneficiará especialmente a los jóvenes de escasos recursos, la cuestión pasa de la penumbra a la oscuridad, en tanto el proyecto estatal más importante que se puede diseñar para jóvenes de escasos recursos tiene un solo concepto dividido en dos rubros. El concepto es la oportunidad y los rubros son educación y empleo.

Cuando se profundiza el lamentable relato y se concluye, por boca de los propagandistas más entusiastas del SMO que el sistema servirá para sacar de la calle a los jóvenes que caen en las drogas o se dedican a la violencia callejera, la cuestión ya es directamente infracerebral. El SMO no puede ser y no debería ser un proyecto “reformatorio” de juventudes, para ello deben funcionar los dispositivos que –en teoría– existen en los Estados para que, por la vía de la educación primaria, secundaria, terciaria, universitaria, se construya el ciudadano educado, formado y capacitado para asumir los desafíos del país.

LA HIPÓTESIS REFORMATORIO

Pero asumamos que los meses de formación militar retirará a algunos jóvenes de alguna “vocación” delicuencial que pueda tener porque de día estará haciendo orden cerrado, deportes y a la noche dormirá bajo la vigilancia de un sargento. ¿Quién garantiza que un chico que no tuvo educación adecuada, sumido en la pobreza o pobreza extrema incluso, sin oportunidades para acceder a programas de salud y educación, saldrá del cuartel “sin tentaciones” cuando retorne a su estado de carencias y marginalidad económica? Nada.

Por tanto, plantear el SMO como un reformatorio que ayudará a jóvenes pobres a mejorar sus perspectivas es asumir que estamos derrotados como sociedad para encontrar mejores ideas, mejores fórmulas, mejores programas que deberían ocuparse de todo esto.

LO IDEAL

Lo ideal es que el joven paraguayo que cumpla la edad “militar” tenga salud, educación y perspectivas laborales para que el único motivo por el cual pise un cuartel sea: la formación militar básica, su vocación por alguna carrera militar, su intención de honrar a la patria con un servicio en tal estamento y su interés por ofrecer servicios a la comunidad desde su función como soldado. En resumen, si el único objetivo es la formación militar, en valores patrióticos, corresponde que alguien salga a explicarlo, con cierta urgencia para organizar el debate.

Si vamos a enviar a los jóvenes a los cuarteles para que se eduquen, no cometan delitos, tengan alimentación asegurada y no se droguen, durante los meses que “sirven a la patria”, estaremos reconociendo que a nuestros ministerios de Salud, de Educación, de Desarrollo Social, de lucha contra las drogas, no se les cae una sola idea mejor, y eso, en serio, es una derrota. Es una agenda para olvidar.

Dejanos tu comentario