- Por Antonio Carmona
- Periodista
Los combatientes del Sanblasazo eran todos paraguayos.
Aunque parezca perogrullesco, hay que validar el título por encima de la gramática, en aras de la retórica, por una vez y, sin que sirva de precedente, habrá que apoyar la moción de Paraguayo Cubas, ya que los militares que combatieron sufrieron daños en el combate, arriesgaron su vida y vivieron ese breve y, por única vez en la historia, gratificante combate, por el hecho de ser una gesta en pro de la democracia, en pro de la liberad, merecen ser reconocidos como excombatientes, sin discriminación, hayan estado del bando rebelde y triunfador o del derrotado, pues la gesta en sí fue no un golpe más o menos en la historia del Paraguay, sino la gesta que puso al país en el camino de la democracia y el respeto a los derechos humanos y todos los etcéteras que hay que añadirle, pese a que, lamentablemente, cada vez sean más los políticos que hacen perder a la ciudadanía la fe en la democracia… al menos en esta democracia tan corrompida, desopilante y desquiciada que causa decepción más que esperanza.
Lástima que el polémico senador no haya aprendido a argumentar y terminara insultando a sus colegas que no acompañaron el rechazo del veto del Ejecutivo al proyecto de ley que indemniza a los excombatientes del levantamiento militar del 2 y 3 de febrero de 1989, que puso fin a la dictadura de Alfredo Stroessner. Se requerían 23 votos para rechazar el veto a fin de que la normativa sea promulgada y puesta en vigencia, pero solo se juntaron 17 votos, por lo que queda vigente el veto y la propuesta pasó al archivo; y los sufridos excombatientes terminaron sin el reconocimiento y el resarcimiento material, que no es menos, sino más, para la reparación de los daños sufridos, en un combate que a casi todos tomó de sorpresa y sin saber muy bien hacia dónde disparar o salir disparando.
Aunque tal vez no sea culpa del senador cintarazo, ya que, al parecer, pesó más la coyuntura estronista en que el Presidente decidió rechazar la histórica reparación, por encima del reconocimiento público que, hay que insistirlo, no era para un bando u otro, sino para las dos partes, sin importar de qué lado les disparaban, de qué lado vinieron las balas que los hirieron. Eran soldados que cumplieron órdenes y sin importar de qué lado. Gracias a esa gesta, con sus heroicidades y sus miserias, tenemos un Paraguay democrático, presidentes y legisladores electos democráticamente, incluso el Presidente que vetó el proyecto o los senadores que votaron en contra o no votaron; y, muy especialmente, el derecho a protestar de los unos y de los otros, el derecho a escrachar, aunque a unos cuantos se les vaya la mano y hasta el discutible derecho de quemar el Congreso y anunciar que se lo va a volver a incendiar.
Y un hecho que parece pasar desapercibido a los políticos que llegaron con esta democracia y a los partidos que pelearon para llegar a esta democracia: que cada vez son más los ciudadanos que se están candidatando por su cuenta a cargos electivos, sin preparación para ejercerlos… claro que los partidos tampoco se han molestado en formar “cuadros” políticos serios y cada día vemos avanzar más la tavyrocracia –el invento del término no es mío, sino de la realidad–, cada día más los que se plantean incendiar el Congreso o las instituciones, en vez de formarse para mejorarlas.
Valga una vez más la reflexión del amigo Víctor… solo que más grave porque así como vamos, nos puede ir peor.

