• Por Guillermo Ramírez
  • Gerente de GEN 

Un par de días atrás, en medio de una jornada de estudios médicos, decidí ir caminando de un consultorio al otro. El sol estaba reposando en el umbral de la comodidad que uno esperaría en estas épocas del año y los frondosos árboles de las aceras céntricas de Asunción me regalaban la sombra necesaria para que las diez cuadras a pie sean aún más agradables. Decidí cruzar la Plaza Uruguaya para llevarme conmigo el aroma de flores marchitas y libros sin abrir, y deleitar mis oídos con las notas de los últimos sorbos de tererés en jarra y subeibajas herrumbrados.

A la altura del pequeño monumento que evoca a un pensativo Roa Bastos me cruzo con una chica, quizás iniciando sus veintis pero con una mirada muy cansada, o quizás golpeada, con remera, jeans y championes de colores, que me mira fijamente a los ojos y me dice: -Señor, me tengo que ir al Ineram, necesito para mi pasaje, ¿me podés ayudar?Instintivamente llevo mi mano hacia uno de mis bolsillos y veo que sus ojos se abren y se le empieza a dibujar una expresión de alegría en el rostro mientras me pregunta si en serio le iba a ayudar.

Le dije que si tenía que ir hasta allí era seguramente por algo de salud, que eso es importante, que no tengo por qué dudar de su palabra, mientras le daba un monto pequeño de dinero y le pedía que se cuide para llegar a su destino. Ella me agradeció y siguió su camino.

Las siguientes cuadras las caminé pensando en a cuánta gente extraña le tuvo que pedir dinero, cuánta gente le negó el pedido o sencillamente la ignoró, y, principalmente, por qué tenemos gente que tiene que estar pidiendo dinero en la calle para actividades básicas de salud o educación. Decidí enfocarme en la última pregunta, y la respuesta es tan sencilla como terrorífica, porque los que habitamos este país no tenemos una red social de contención. Porque estamos librados al azar en un país en donde las estructuras básicas que justifican la existencia filosófica del Estado no están.¿Cuál es la razón misma de la existencia de estructuras sociales de organización colectiva como el Estado-nación? La de brindar seguridad a las personas que están por dentro de los límites en los cuales se aplica la fuerza de su ley.

La igualdad de oportunidades de acceso es una de las manifestaciones más efectivas de la igualdad, una que permite que sin importancia de en dónde nos toque nacer vamos a poder tener acceso a seguridad, salud, educación, alimentación, etcétera. Para que esto ocurra el foco de la gestión estatal debería estar puesto en generar esta red por debajo de todos nosotros, una que nos permita caer sin golpearnos, porque todos, de menor o mayor manera, contribuimos en su tejido, usualmente con impuestos.

Aquí la realidad está en las antípodas de la teoría. Esa red de contención formada por servicios estatales no existe y las personas de menores recursos económicos viven un verdadero infierno intentando salir del pozo, estirando un brazo para buscar ayuda entre sus pares.

Los privilegiados que tenemos la fortuna de poder comprar una red en el sector privado estamos a una enfermedad grave o accidente de caer en el mismo pozo. En Paraguay uno de los pocos agentes que no discrimina ingresos es el infortunio, que puede atacar a todos por igual.

No importa cuánto ganes, en cualquier momento podes estar haciendo una feria de comidas para solventar tus gastos.¿Por qué no tenemos esta red de contención? Porque la historia del ecosistema político paraguayo es la historia de grupos de personas, organizados en partidos políticos, que tienen como primer objetivo llegar al poder y como segundo objetivo permanecer en el poder, lo que sea que venga en tercer lugar está muy por debajo de esto.

La historia de la “clase política” paraguaya es la historia de los beneficios personales, de las peleas por ocupar espacios para buscar beneficios personales. Es la historia de una estructura de organización como el Estado-nación capturada por personas que la utilizan para salir del agujero ellos mismos, y que se jodan los demás.

Este país produce alimentos para millones y hay gente que se muere de hambre, este país produce energía eléctrica para abastecer países enteros y pagamos demasiado por un servicio ineficiente. Producimos políticos que se llenan la boca hablando del pueblo pero que no son capaces de actuar como adultos para honrar sus puestos de privilegio.La realidad es triste mis amigos, estamos solos y en la oscuridad, lo único que tenemos es a nosotros mismos y a nuestras manos, usémoslas para empujarnos entre todos, para arriba, para salir del pozo.

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