- POR MARCELO PEDROZA
- COACH
- mpedroza20@hotmail.com
Cada uno es quien decide ser el responsable de su tiempo presente. Esa es una decisión fundamental, que se constituye en una primordial regla existencial. Al vivirla, uno es consciente de la toma de decisiones del ahora. Esa conciencia produce confianza en uno mismo, lo que permite la generación de acciones que conllevan al fortalecimiento interior de las intenciones positivas que las sostienen.
Un presente está unido a otros presentes. Una vida a otra vida. Una tierra a otra tierra. Una cultura a otra cultura. El presente es uno aunque las historias sean millones. Cada cual establece cómo, con quiénes, para qué y con qué sentido se involucra en el andamiaje del momento actual. Ante la posibilidad de elegir el ser humano ha demostrado su vocación de construir. Ha desarrollado presentes gloriosos. En las ciencias, en las artes y en todos los escenarios donde sus capacidades han brillado y lo siguen haciendo.
El presente se asume. Por eso la decisión. Al hacerlo se vive como único y se siente especial. El presente es el tiempo. Eso es el tiempo. El tiempo es el presente. De ahí que cada existencia está llamada a asumir el presente. En esa asunción del presente la intuición, la percepción, los sentidos, la memoria, la razón y la inteligencia activan de forma permanente, facilitando la reflexión constante de lo que se vive.
La atención es la compañera del presente. De dicha convivencia fluyen las consecuencias. Por consiguiente, hacia donde se dirija la atención estará el presente. Y al poner el foco de la atención hacia algo o hacia alguien, el presente se identifica. Y le da paso a las experiencias. Así una inmensidad de emociones encuentran sus tiempos de vida. Como la alegría de una niña al descubrir que con un lápiz de color puede pintar en una hoja, o cuando un niño comparte sus juegos con sus amigos. En cada jornada hay ejemplares testimonios de lo que es capaz de vivir el ser humano.
Hay que valorar lo que se vive. El presente valorado lo agradece. La decisión de apreciar lo que se atiende profundiza el territorio de las sensaciones y destapa circunstancias que embellecen el ahora. La existencia se hace eterna.
El instante pasa a ser el presente. Cuando uno está centrado en su presente, uno está desarrollando su ser. Ese ser es el que ha llegado hasta el presente. En ese momento cada uno es producto de todos los presentes que ha ido viviendo. Por eso cada cual está construyendo lo que vendrá. Al centrarse en el presente uno trae consigo su historia y definitivamente está labrando lo que será.
Y al ser así es posible organizar los sucesivos presentes que irán aconteciendo, claro que la incertidumbre del devenir es una característica propia del existir aunque eso no impide poder proyectar. ¿Qué es lo que hoy quiero vivir? quizás las respuestas puedan orientar la atención hacia los seres queridos, o hacia una tarea especial, o hacia un desafío que está latente y espera una decisión. El presente de cualquier forma estará dispuesto a ser vivido como cada uno quiera asumirlo.