De hecho, una victoria electoral para la Presidencia de la República con un margen menor al 4%, si bien da legitimidad no otorga popularidad. Repasando, Nicanor (2003-2008) conquista el poder con un alto nivel de expectativa, y dio señales alentadoras al inicio de su gobierno y superó sobradamente los 100 días de gracia, incluso tuvo una especie de cuasi romance con la prensa que duró como dos años. El divorcio se dio cuando le picó el bichito de la reelección.

Con Lugo pasó lo mismo, generó una altísima expectativa, superó los 100 días de gracia, pero fue consumido luego por un internismo atroz capitaneado por su vicepresidente Federico Franco.

Cartes asumió el poder con el mote de “empresario exitoso” y presentó una selección nacional que al arranque motivó, traspasó sin complicaciones los 100 días de gracia, hasta que también fue tocado por el bichito maldito que lo desgastó.

Sin embargo, Mario Abdo no solo conquistó el poder con un bajísimo porcentaje de diferencia sobre Alegre, sino que, en la misma transición, antes de tomar posesión ya se fue desgastando internamente dentro de su propio partido político por su nulo liderazgo que lo había conquistado no precisamente por su carisma, idoneidad o intelectualidad, sino porque solo capitalizó el anticartismo.

A Mario Abdo le resultó tirotear contra Cartes en campaña, coqueteó luego con él para pellizcarle algunos votos y, nuevamente, recurrió a lo único que hasta ahora ha demostrado desplegar: rencor, odio y pichadura.

En estos casi 90 días de gobierno, Marito sigue desarrollando el mismo libreto de campaña, malgastó sus días de gracia en viajes irrelevantes y ceremonias protocolares, que solo sirven para la foto, y se está convirtiendo en el presidente de la era democrática con mayor rechazo en menos de 100 días de poder.

Hasta ahora no ha demostrado ni una sola señal de que, mínimamente, tenga una hoja de ruta positiva para el país, sino todo lo contrario, demostró que su plan es seguir rifando los cargos públicos para beneficio de sus amigos y saldar deudas a quien debe favores políticos, como el reciente caso de la designación de Julio Velázquez como consejero de IPS.

Arrancó nombrando en cargos claves a personajes cuestionados, dejó pasar irregularidades en Petropar, le dio un golpe bajo a las Fuerzas Armadas con la reincorporación del hermano del Vicepresidente como comandante de la Armada, uno de los ministerios claves, el de Educación, que en teoría sería la “causa nacional”, hoy está sumergido en una pelea mediática de su principales cabezas, el sector productivo molesto ante la intención de aumentar más impuestos ante la nula propuesta e intención de mejorar el gasto público, la aproximación a Irán y Palestina, el portazo a Jerusalén, el ambiente de tensión en el campo sin reacción alguna para mediar y evitar lo que está a punto de estallar, son apenas algunas de las realidades lacerantes que revelan la ausencia de una cabeza que marque el Norte.

Mientras esta realidad nos golpea, el Presidente no reacciona. Sus últimas declaraciones a su llegada de Italia no reflejaron ninguna sintonía con el mensaje del Papa, solo confirma que Marito sigue destilando odio y rencor sumados a su intolerancia, fruto de su precaria formación, para recibir críticas a su gestión.

Ni siquiera se cumplieron 100 días de gobierno y la percepción de hastío ya se siente en la calle y eso que esto recién comienza, ojalá no dure mucho tiempo. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.