• Por Felipe Goroso S. 
  • Twitter: @FelipeGoroso
  • Analista

A la administración de Mario Abdo le está costando construir su relato, se acerca al gastado hito de los 100 días y no se ven indicios de que sus problemas de estrategia política y comunicación gubernamental tengan pronta solución. Reactivos, dando golpes con los ojos cerrados y cascoteando el rancho de gente que está en la primerísima línea del poder desde medios aliados. Todo dentro de un ambiente de caos, en el que aparentemente no hay alguien que levante la voz y ponga algo de orden. Cosa extraña, teniendo en cuenta que Añetete tiene en sus filas a gente que maneja estrategia política, capaz sea que no estén siendo escuchados o no estén lo suficientemente cerca para que su voz llegue a los oídos correctos. Es posible.

En un mundo como la política, en la que los signos tienen cada vez más trascendencia y uno de los objetivos es siempre transmitir aquel mensaje que llegue e impacte, la visita que realizó el presidente Mario Abdo al papa Francisco cobra cada vez más importancia. Era imperioso que la movida salga bien y, sobre todo, era necesario.

Esta administración viene realizando una serie de golpes de efecto que casi siempre son los fines de semana y casi siempre tienen que ver con la estratégica tarea encomendada a Arnaldo Giuzzio en la Senad. De vuelta, el viernes de la semana pasada se generó un nuevo hecho político, al que creo que no se le prestó la suficiente atención y que no tenía que ver con la Secretaría Nacional Antidrogas. El presidente de la República firmaba lo que dieron a llamar “Acuerdo de Cooperación Conjunta”, el objetivo principal de dicho acuerdo es, y acá voy a copiar parte del tuit que se tiró desde la cuenta oficial del Presidente, “…buscar una solución definitiva a la problemática de las inundaciones de los bañados de Asunción…”.

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Firmaron este acuerdo, aparte del presidente de la República, el intendente de Asunción, el presidente de la Junta Municipal y la directora de Derechos Humanos de la Corte Suprema de Justicia. Hasta ahí todo normal y los firmantes eran los obvios (aunque tengo mis dudas sobre el papel de la funcionaria de la Corte). ¿Saben quién más firmó? el arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela. ¿Y saben dónde se realizó la firma del acuerdo? En la Catedral de Asunción.

Días antes, el presidente de la República había visitado un predio militar, donde se encuentra alojada parte de las familias bañadenses, quienes están sufriendo con la subida del río Paraguay. No hace falta que les cuente la importancia que le da el papa Francisco a los menos favorecidos, así como tampoco hace falta que les cuente que el Bañado fue uno de los lugares donde estuvo el líder de la Iglesia Católica cuando visitó nuestro país. Cualquier comunicador desconfiado podría pensar que todos estos caminos conducían a Roma, literalmente. O que se estaba allanando el camino para llegar hasta el siempre poderoso Estado Vaticano.

Pero como el camino al infierno está lleno de buenas intenciones (perdón por la sobredosis de misticismo, pero el tema lo amerita), no todo podía salir tan bien como hasta ahora y como se esperaba. Aún faltaba saber quiénes iban a ser tocados por el báculo presidencial y llegarían a ser integrantes de la comitiva oficial. Y ahí todo el buen trabajo previo que se hizo se vendría abajo. Muchos me dirán que el Presidente tiene derecho a elegir a quiénes llevar a este tipo de citas, sin dudas. Y también tenemos derecho a cuestionar que la comitiva podría haber sido más conveniente y acorde a las circunstancias y al dueño de casa.

El cuestionamiento tiene que ver directamente con llevar a personas que, a pesar de ser de confianza del Poder Ejecutivo, según auditoría de la Contraloría General de la República, pagaron miles de millones de guaraníes a empresas de amigos íntimos por almuerzo escolar no distribuido. Sí, papa Francisco, parte de esa gente a la que recibió hace unas horas se fumaba la guita que era para el almuerzo escolar y los pibes dejaron de comer en las escuelas. Una verdad incómoda para el Bergoglio de la gente, pero alguien tenía que escribirle y contarle. No pierdo la esperanza que alguien le pase esta columna, es una cuestión de fe; no me la quiten.

La política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, no solo se trata de generar imágenes, los actores de esas imágenes deben ser lo menos cuestionable posible. De lo contrario, no habrá milagro que los salve.

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