Por Augusto dos Santos, analista

Recuerdo que al concluir la primera semana del gobierno de Fernando Lugo hubo un cronista radial, muy afín a Nicanor Duarte, que arrancó un reporte con una frase espectacular: “Pasó una semana y el país no cambió”.

En principio –como ministro de Sicom que era– sentí solo curiosidad por las razones de esta frase y la asimilé como una más de miles de expresiones sesgadas con las que se debería remar en los años de gestión que aguardaban. Pero, con el correr del tiempo, comprendí que más allá o más acá del sectarismo, la frase escondía una regla de oro de la fenomenología social en materia de sus diálogos con los nuevos gobiernos: Terminé agradeciendo la frase porque ella me ayudó a comprender que los ciudadanos no tienen “paciencia” con los gobiernos y que no es bueno confundir “agendas distractivas” u ocupaciones en otros asuntos con alguna intención racional sobre ceder tiempo o “comprender” que no se puede tan pronto.

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Es cierto, es una torpeza pedir resultados a un gobierno en 15 días de gestión, normalmente lleva un par de meses acomodarse. Eso no quita que se pueda observar ya con cierta nitidez un semáforo de riesgos y activos del despegue que ya deberían alcanzar de a poco su altura de vuelo.

VERDE

Los primeros quince días del gobierno de Mario Abdo Benítez concluyen con el buen clima ciudadano fruto –es cierto– de las movilizaciones, pero en general, fácilmente atribuible al gobierno en curso. (No debe olvidarse el rédito que obtuvo HC del “guiño” a la causa de las movilizaciones en la UNA en la primera etapa de su gestión).

En general, dio la impresión que en la segunda semana de su gestión el presidente Abdo encendió el aparato de marketing político y logró salir de un par de meses de caótico manejo comunicacional, tras una impecable campaña. Su política de contacto ciudadano como plan elaborado de Mkt –y cuidándose del populismo boomerang– le ha sido rentable la semana pasada. Sus alusiones de cierto apoyo a los cambios recurriendo al ejemplo de la tormenta de Santa Rosa, también. Es una pena que jugó tan mal el speech inicial de “yo con el congreso no me meto” porque si así no fuera, hubiera acumulado más puntos en esta coyuntura.

Otra significativa fortaleza de Marito en esta quincena es el apoyo de la oposición –casi se diría en su conjunto– que no solo lo ha blindado de críticas que parecían lógicas como, por ejemplo, al respecto de algunos o muchos nombramientos en el gabinete, sino –directamente– que ha silbado distraída (la oposición) mirando hacia el poniente.

No dejaría de mencionar como fortaleza los problemas que tiene su principal adversario político, el movimiento Honor Colorado, para asumir estrategias no reactivas como método de acción política. El último caso ha sido la suscripción de responsabilidad –absolutamente innecesaria– del despido deshonroso de Óscar González D., cuando es lógico que ello ocurrió a consecuencia de las movilizaciones y cuando no había necesidad de cargarse esa bolsa.

AMARILLO

Se ve cierta tendencia a cometer errores infantiles. Una cosa es el marketing político, que es imprescindible en los gobiernos posmodernos porque tiene el fin de sostener niveles de confianza en los ciudadanos (es el producto final de un pack que empieza con la simpatía y la seducción).

Otra cosa es el populismo de medio pelo, cómo salir de chequear dos planillas y anunciar que en el MEC hay 1.200 planilleros porque hasta que despida a los 1.200, no podrá demostrarnos que su información de Estado es confiable y si recurre luego a trucos para maquillar el no despido de los planilleros ya empezaremos por no creerlos más. Anotar: una cosa es el marketing político, otra cosa es el populismo de medio pelo.

Si bien bajó un poco de perfil en los últimos días, el inicio arrollador de Juan Ernesto Villamayor hizo recordar a los primeros días de gobierno de aquel Walter Bower recién consagrado como ministro del Interior. Juan Ernesto es un hombre que tiene cerebro y tiene nervios. Todo lo que haga valiéndose de ese elemento raro para la política nacional que tiene en primer lugar es lo que le dará resultados de mediano y largo plazo.

El afán del señor Presidente por “matar a HC” es una jugada que a cortísimo plazo puede tener el rabioso aplauso de los grandes enemigos de Cartes, afincados en los grupos periodísticos liderados por A.J. Vierci y Natalia Zuccolillo; pero las venganzas políticas –la historia lo cuenta– terminan siendo como en las peores películas de terror: el que mataste siempre resucita. Y no hay que dar ejemplos.

ROJO

El Gobierno no tiene riesgos extraordinarios a muy corto plazo, pero sí cuenta con puntos críticos que serían como ejes de desgaste de la gestión, ellos en gran medida están situados en el perfil de sus mandos –en varias de las instituciones más importantes–, donde podría generarse déficit, falta de calidad técnica de sus gerenciadores, roces por ímpetu desmedidos o problemas de clientelismo. Será necesario que el Gobierno repare estos remaches sueltos ya en pleno vuelo.

Por de pronto, es demasiado temprano para el juzgamiento definitivo y demasiado tarde para poner todas las fichas en el recreo mediático porque eso sirve para entretener, pero no para gobernar. Es deseable que el Gobierno sepa reparar el talón de Aquiles nacional: la ausencia de autocrítica para que el semáforo de riesgos y oportunidades le sea de utilidad.

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