• Por Dany Fleitas
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El próximo 15 de agosto el Paraguay comenzará a transitar un nuevo camino, el de la gestión de Mario Abdo Benítez en reemplazo del presidente Horacio Cartes. Son muchos los desafíos que le aguardan al mandatario entrante, quien ganó a la dupla libero-luguista Alegre-Rubin en las elecciones del 22 de abril último. Las circunstancias y el contexto sociopolítico y económico en que accede al poder el representante de la Lista 1 o Partido Colorado, en esta ocasión, son bastante diferentes a los que prevalecían al momento de la asunción al poder de Cartes en el 2013.

En agosto del 2013, la dupla Horacio Manuel Cartes Jara-Juan Eudes Afara Maciel llegó al poder tras vencer en los comicios a la aliancista Alegre-Filizzola por una diferencia de más de 200.000 votos, en tanto que Mario Ferreiro, de Avanza País, quedó muy lejos en la tercera posición, con apenas el apoyo del 5,1% de los electores. Cartes arribó al cargo de la administración del Poder Ejecutivo con las arcas del Estado prácticamente vacías, instituciones en pésimas condiciones de cuidado, proyectos de infraestructura inconclusos, sobrefacturaciones multimillonarias en varios planes y programas y muchas tantas otras desprolijidades que no valen la pena ya mencionarlas.

Cartes y sus principales colaboradores se concentraron en los primeros dos años en "poner en orden la casa" para luego poder implementar los proyectos anunciados en la etapa de la campaña electoral, una tarea muy compleja y difícil que llevó más tiempo de lo esperado atendiendo al mal manejo económico de la Alianza, esencialmente en la etapa final. Las condiciones políticas de entonces no eran las más propicias, pues Cartes asumió la titularidad del Ejecutivo en una etapa delicada en que todavía estaba muy fresca en la memoria el juicio político al ex obispo por los sucesos de Curuguaty y la forma en que había asumido Federico Franco.

A pesar de todo, y a la compleja situación de esta primera etapa, el gobierno actual reorganizó el aparato estatal con una difícil ingeniería financiera y encontró el camino para atender muchísimas demandas sociales y mantener el crecimiento económico anual en el orden de casi el 4%, siendo claves las obras de infraestructura.

Mario Abdo y Hugo Velázquez, sin embargo, arrancarán con ventajas: se harán cargo de la gestión del Ejecutivo en otro contexto político, social y económico. No existe convulsión social ni política y existe equilibrio con el manejo de las finanzas, por lo que no se encontrarán con los obstáculos anteriores del descalabro administrativo-financiero de la era Lugo-Franco. Además, el traspaso de un gobierno a otro con actores del mismo partido, en teoría, facilitan las cosas.

No obstante, este cambio –no traumática y difícil como fue antes– compromete aún más a Abdo Benítez porque la gente aguardará resultados inmediatos en los primeros meses de gestión en todos los órdenes. Entre sus principales desafíos se encuentra la continuación de la política agresiva de mejoramiento de la infraestructura vial del país y mantener el nivel de recaudaciones impositivas para cumplir con los gastos corrientes y de inversiones del Estado. En Educación, creo que deberá enfrentar una etapa en que serán necesarias reformas importantes, así como asegurar recursos para Salud Pública a fin de atender la cada vez más creciente demanda de la población.

En materia de seguridad, la permanencia de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) en la zona norte del país, que tiene como objetivo el combate a la delincuencia organizada en esa región, es un tema clave para la seguridad nacional, que creo debería seguir. No obstante, considero que los asaltos callejeros y robos domiciliarios son problemas diarios que tienen más impacto en el día a día para todos los ciudadanos. En este sentido, el grupo de élite de la Policía, conocido como Lince, está haciendo un buen trabajo y lo más lógico es creer que el número de integrantes aumentará para tener una mayor presencia en los barrios de las ciudadanas más vulnerables.

A nivel de política exterior, la nueva administración gubernamental deberá iniciar con el Brasil las tratativas para la renegociación del Tratado de Itaipú Binacional, así como proseguir el diálogo con la Argentina para encontrar una solución a la multimillonaria deuda de la binacional Yacyretá, paso importante que ya ha dado el actual gobierno al acordar la reducción de US$ 18.000 millones a poco más de US$ 4.000 millones. En tal sentido, tan delicadas negociaciones y que tendrán enorme impacto para el futuro de la patria requerirán seguramente de las mejores mentes del Paraguay para la defensa de los intereses nacionales.

En lo político, el gobierno venidero deberá tener la suficiente cintura política como para coordinar la realización de una reforma de la Constitución Nacional y de la Justicia que estén a la altura de las necesidades del país. A la par, sería prudente y vital no descuidar las relaciones con el Poder Legislativo, una tarea nada fácil considerando los antecedentes de la prolongada transición a la democracia, que a mi parecer culminará con la proclamación de las nuevas autoridades. Paraguay camina firme hacia su democracia plena, pero dependerá del nuevo gobierno consolidarla.