- Por Jorge Torres Romero
A lo largo de estas últimas dos décadas de la transición democrática paraguaya, la política criolla nos ha deparado una serie de célebres frases que ya forman parte de esa suerte de "tratado de paraguayología" que había recogido en su momento el célebre escritor y periodista Helio Vera en una sus obras.
Entre las más recordadas está sin dudas la atribuida al histórico dirigente y actual senador liberal Julio César "Yoyito" Franco, cuando en referencia al juicio político al que debían someter al entonces contralor general Daniel Fretes Ventre, habría señalado: "Hay que protegerlo, porque es chancho de nuestro chiquero".
Si bien Yoyito negó haberlo dicho en ese contexto, la frase quedó grabada para la posteridad y cada tanto se la utiliza para hacer alusión a una práctica que se mantiene vigente entre nuestra clase política, cuando se trata de defender algún referente "amigo" dentro de los diferentes sectores, sean del color que fueran.
Lo ocurrido la pasada semana con el candidato a senador número 2 del Partido Democrático Progresista (PDP), el abogado Guillermo Duarte Cacavelos, así lo testimonia, puesto que ni bien se hizo público el cruce de llamadas entre este y el "partner" Raúl Fernández Lippmann, ex secretario del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM), actualmente procesado, la senadora Desirée Masi de Filizzola, salió a defenderlo y antes que aclarar la situación de su candidato, se pasó una vez más acusando y lanzando todo tipo de improperios contra el medio y los periodistas que osaron poner en duda la honorabilidad del abogado y "su" partido.
Dijo sentirse "ofendida" con la publicación a la que calificó como un "insulto" por haberlos vinculado con la "rosca mafiosa".
Histérica, enfadada y fuera de sí, continuó luego a través de las redes sociales, despotricando contra la "prensa cartista" y todos los "trolls" o perfiles falsos que según ella son los que le pedían que se aclare en carácter de que su candidato al Senado se comunicaba con Fernández Lippmann justo en momentos en los que se estaba definiendo una acusación contra su suegro, el ex presidente de la ANDE, Carlos Héisele.
Si bien no lo dice, Desirée está aplicando la lógica del "chancho de nuestro chiquero" cuando manifiesta que el nuevo "partner", Duarte Cacavelos, "pudo haber llamado cien veces también a Fernández Lippmann", pero ello no implica que haya existido algún "tráfico de influencias".
Pero no debe extrañarnos la reacción de la senadora opositora puesto que ella sabe muy bien cómo se manejan los hilos de la Justicia; o acaso alguien duda de que a Masi la corrupción y la impunidad la tienen sin cuidado, de lo contrario, cómo se explica las casi 10 chicanas que promovió su marido Rafael Filizzola para eludir la Justicia o la operativa de chantaje de la senadora a ciertos ministros de Corte para que cajoneen el expediente de Filizzola, a cambio de trancar el juicio político que se llegó a promover contra algunos de los ellos.
Tal como ya lo había dicho en este mismo espacio, para mí, el matrimonio Masi-Filizzola, es sinónimo de corrupción e impunidad. Hasta que no resuelvan sus pleitos y nos demuestren lo contrario, nadie les cree. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.