Por Jorge Torres Romero

Más allá de las posiciones políticas, ideológicas e incluso de la forma en que cada uno, en pleno uso de su libertad, decida cómo observar la realidad, es importante detenernos en analizar desapasionadamente lo ocurrido no con las filtraciones de los audios, sino en la forma con que se obtuvieron algunos cruces de llamadas telefónicas de políticos, abogados y empresarios.

Antes debo decir, que si en mis manos hubieran caído los famosos audios, independientemente a que se hayan grabado en forma clandestina, por la gravedad de lo que se escucha es una "bomba" periodística por su impacto y contenido de interés público, sin dudar lo hubiera hecho público.

Esos audios, a juzgar por las declaraciones del abogado Alvaro Arias, fueron fruto de un engaño a su cliente a quien le colocaron, en su propio teléfono móvil, una especie de micrófono para grabar sus conversaciones.

Ahora, en relación a la obtención de los cruces de llamadas, el caso es mucho más grave, no por el hecho de saber quién llamó a quién, sino por la manera en la que se obtuvo la información, instrumentando documentos públicos, aparentemente, no auténticos y la facilidad en que una compañía telefónica decide remitir toda la información a través de un correo de gmail.

Esta situación desnudó lo vulnerable que es un sistema que permite acceder sin mayor rigor a todo el historial del movimiento de llamadas de una persona, información que está absolutamente protegida y garantizada en la Constitución Nacional y tiene que ver con el derecho a la intimidad.

Se podría llegar a creer que la empresa telefónica cayó en su buena de fe de colaborar con los requerimientos fiscales, pero que obliga de ahora en más a que se cuente con un protocolo determinado para entregar información privada.

Y lo otro tiene que ver -dándole el beneficio de la duda a la fiscala Brígida Aguilar, de que nada tuvo que ver con el requerimiento y que le falsificaron efectivamente la firma-, con la facilidad en que se puede alterar los documentos públicos de una institución como el Ministerio Público, incluso con el logo, sello y firma sellada de una agente fiscal.

Al observar otros documentos con la firma original de la fiscala Aguilar, a simple vista se puede colegir que no es su firma la que está plasmada en la solicitud de los cruces de llamadas. Pero al corroborarse esto, no significará, como dijeron algunos, que cae toda la historia. Al contrario, si se corrobora que no es su firma, la historia es más grave aún, porque significa que existe un grupo de personas o un esquema montado que instrumenta documentos públicos no auténticos para obtener información confidencial. Grave por donde se lo mire.

Y la pregunta es ¿quiénes están detrás de todo esto? o incluso, la información proporcionada por la telefónica ¿quiénes la utilizaron y a quiénes favoreció?

Así como los audios no representan una prueba utilizable en un juicio, sirven como punto de partida para abrir una investigación, también considero que los cruces de llamadas tienen un valor menos contundente que los audios, porque no sabemos lo que dicen, también constituye un punto de partida para una investigación. Lo que no corresponde es obtenerlo violando todas las garantías constitucionales con el agravante de manipular documentos públicos e invocando causas inexistentes o que nada tienen que ver con la solicitud planteada.

Si achicamos las letras en este punto, anteponiendo las posiciones políticas oportunistas en tiempos electorales, ponemos en jaque todo el sistema democrático y nos pasamos las garantías constitucionales, que tanto pregonamos que la defendemos, por ese mismo lugar donde no nos pega el sol.

No es de justos que nos escandalicemos cuando se obtienen registros de llamadas de nuestros amigos, justificada indignación por la alevosa violación a la intimidad, pero nos regocijamos cuando hacen lo mismo con quienes consideramos nuestros enemigos. Pese a nuestras diferencias, el pilar que nos sostendrá es el respeto irrestricto de nuestras garantías constitucionales, de lo contrario, nos desmoronamos como nación. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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