- Por Alex Noguera
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Apenas faltan unas horas para que inicie el 2018. Como cada año, ya tengo mis uvas y mi valija preparadas para cuando llegue las 12:00 de la noche. Ahora, mi duda existencial es: tengo que comer más uvas para que funcione el sortilegio de la buena suerte o consigo otra valija porque la que tengo es pura yeta. Las únicas veces que sale de la casa es en la madrugada de los 1 de enero de cada año para dar vueltas a la manzana a ver si me sale algún viaje. Pero lo único que sale es la burla de los vecinos, que ya me pillaron la cábala. No digo inútil cábala porque la esperanza es lo último que se pierde y tal vez en el 2018 se me dé y viaje a algún sitio. A cualquiera, menos al más allá, porque allí no sirve el pasaporte ni el boleto de regreso.
Al 2017 los chinos le llamaron el año del Gallo Rojo de Fuego, pero más bien pareció el año del Caballo con los Ojos de Fuego, una versión autóctona que no figura en el calendario asiático. Como fuere, los orientales aseguran que el 2018 será el año del Perro de Tierra, un animal más tranquilo y sosegado que el emplumado amigo picoteador, que pronto nos dejará.
El año que termina dejó recuerdos imborrables. En el plano internacional, la amenaza de cataclismo que no acaba entre Corea del Norte y EEUU, el bochinche por Jerusalén y las embajadas que enojó a los árabes, el intento de separación de Cataluña, la guerra en Siria con los miles de refugiados y los atentados del Estado Islámico en Europa, sin olvidar la misteriosa desaparición del submarino argentino, perdido en el Atlántico Sur.
En la estela de desgracias que marcaron el 2017, dentro del territorio nacional se cuentan el rosario de drogas incautadas, que de tantas se volvió aburrido contarlas; al igual que los asesinatos en la frontera que incluso llegaron a la capital, y los accidentes viales. Esperemos que el número de la vergüenza continúe en 53 y no se incremente porque de entre todas las desgracias que podrían ocurrir, el feminicidio es quizás el más aberrante.
No en balde la nueva campaña de concienciación "Basta carajo" del Hospital de Trauma se centra en esa atroz vileza. Días atrás escuchaba al doctor Aníbal Filártiga, quien decía algo sorprendente. Contaba que no somos nosotros, los ridículos machos latinos, los únicos cobardes que descargamos nuestra bestialidad contra las frágiles mujeres. No, él decía que en todas las culturas del mundo se ve actualmente esa conducta, ya fuera en Asia, en África o en los países nórdicos. Si eso es verdad, esta salvaje irracionalidad tiene un alcance planetario y la vergüenza para los hombres es mayor.
Como no hay ni tiempo ni espacio para hacer un balance más riguroso del año que fenece, es mejor plantearnos metas serias para recibir al 2018. Por ejemplo, sería lindo tener dinero (sin trabajar), amor (que nos mantenga) y salud (sin hacer dieta) y además ganar alguna rifa que nos traiga del cielo un auto nuevo.
Mis vecinos ruegan que Chiquitunga sea declarada santa lo antes posible en el 2018 para que interceda por ellos en las alturas. Y el problema es que ellos cada vez que entran a Lambaré por la avenida Argaña deben sufrir las de Caín a causa del nuevo semáforo instalado frente a la Municipalidad. Armando Gómez no se da cuenta de que hay momentos en que cruzar esa señalización cuesta 20 y hasta 25 minutos de tiempo desperdiciado, combustible quemado inútilmente, nervios y promesas de no votarle nunca más.
Falta demasiado poco para que se plasme el cambio de año. La sidra está lista, al igual que las ensaladas, la sopa, el chipa guasu, el pollo y el chanchito en el horno, porque asado al aire libre no es muy digerible con la lluvia que anuncian los pronósticos meteorológicos.
Falta tan poco para recibir al Año Nuevo y dar rienda suelta a la farra, sobre todo en esta oportunidad que el feriado es lunes. Es decir, un fin de semana para darle con todo a los excesos. Ir a bailar, beber, comer, dormir, levantarse y continuar bebiendo y comiendo. Y comprar alcohol hasta que se acaben los aguinaldos.
Es la mentalidad de muchos. Solo espero que no ocurra lo que prevé el doctor Filártiga, quien con preocupación y desazón decía que los números no bajan. Es decir, habrá cientos de accidentados en motocicleta que sufrirán alguna amputación; también automovilistas ebrios que, si tienen suerte, solo recibirán una multa y, si no, dejarán viudas y madres enlutadas. Filártiga también anuncia que por la puerta de Trauma entrarán baleados, acuchillados e inconscientes con las manos destrozadas por algún petardo.
El mejor pedido que podríamos hacer para este 2018 es no formar parte de la lista de muertos que últimamente no baja de 50. Sería bueno entender que las cosas malas les suceden a los demás. Y que las desgracias también pueden alcanzarnos a nosotros.