• Por Augusto dos Santos
  • Analista

Las encuestas, amadas y odiadas, pueden ser mejor leídas entre líneas que a través de los cuadros rimbombantes que se ven en las páginas de los diarios. Por ejemplo: leyendo todas las encuestas que se publicaron hasta ahora, hay, entre todas ellas, un par de coincidencias muy notables, precisas e irrefutables: Marito se estanca hace varios meses y Santi Peña sigue creciendo en ritmo constante.

Uno u otro sector puede ilusionarse más o menos con lo que arrojan las mediciones, pero la verdad irrefutable es que existe un núcleo duro de esta fotografía que no puede ser retocada por el photoshop de las intenciones políticas: uno cabalga al galope y el otro tiene el caballo atorado en un "caraguataty" hace algún tiempo. Pero al margen de las diferencias que puedan existir al respecto de uno u otro resultado hay una realidad que al gran público muchas veces se suele ocultar: las diferentes campañas ya saben cuál es la tendencia final, porque manejan encuestas propias y en base a ello están operando actualmente para superar sus marcas actuales.

Es cierto que los recursos, la sensación de triunfo y el aparato partidario podría sumar aun preferencias que van desde un rango de 5 a casi una decena de puntos, motivo por el cual las dos semanas que restan serán de intensa tarea de "caballería" en el campo.

Ya habrá tiempo, con mayor serenidad, para analizar las encuestas actuales y sus razones, pero no queda otra que acudir a la encuesta más infalible del mundo: la que se dirime en las urnas el 17 de diciembre para conocer quién se queda con la postulación a la presidencia del partido con más años en el poder en el Paraguay. Ante ello, lo importante es la madurez de los distintos sectores internos de la ANR para aceptar el resultado de las elecciones.

Es importante evitar la inestabilidad nacional que ha generado los conflictos del pasado por los fraudes electorales, incidentes, desconfianza y traiciones generadas, que finalmente si se hace un repaso fino, han concluido con hechos traumáticos para la vida nacional.

Es cierto que, por otra parte, una división posterior al 17-D será tremendamente funcional a la oposición. El peso que tiene, históricamente, la ANR en el poder político del Paraguay hace que la oposición apueste hoy todas sus fichas a una opción que podría beneficiarla: que las internas de la ANR acaben con incidentes, con protestas y genere luego la división de este corpulento partido.

Por ello, en el discurso de la oposición se escucha con más frecuencia en estos días la hipótesis del fraude que en el propio discurso de la disidencia.

Al margen de los intereses sectarios, ojalá el 17-D acabe como tienen que acabar estas lides, con un candidato victorioso y con otro que acepta la derrota con actitud, porque finalmente, para ello, un día, fundaron esta forma de construir poder que no tiene sustitutos: la democracia.

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