• Por Augusto Dos Santos
  • Periodista

No ha cambiado la apreciación que tiene la ciudadanía sobre el desempeño parlamentario en por lo menos una década. Es curioso el destino de un país cuya población cree que el Congreso representa la gestión más deplorable, pero, al mismo tiempo, es la institución que marca agenda en todos los medios, todos los días.

Esta es la razón fundamental por la que debe mejorarse dramáticamente la gestión del Congreso. Su destino político y republicano es representar a los ciudadanos y ser una especie de contraparte de poder ante el Ejecutivo. No es posible que esta representación sea tan repudiada e importante al mismo tiempo.

El desprestigio en el que está sumido este cuerpo y la carencia absoluta de propuesta y capacidad de producir agendas de futuro lo obligan a actuar permanentemente "para las gradas" con gestos grandilocuentes, sin la menor idea estructural y con un único argumento que es el que le da mejor rédito ante los medios: golpear al Presidente, se llame este Nicanor, Lugo o Cartes.

Para eso siquiera se necesita un colegiado con un centenar de figuras, basta que tres o cuatro de cada cuerpo protagonice todos los días sus estridentes berrinches ante los medios y la tarea del día está cumplida.

Así es como hace más de una década vemos a dos o tres congresistas vomitando controversias en la tele todos los días, inventando algún show nuevo que lo ubique como el opositor/a del mes, por el simple arte de oponerse, sin la menor idea a veces de lo que se habla. No nos olvidemos por ejemplo de aquel presidente de la Comisión de Lucha contra el Narcotráfico que abogaba por acabar con "el estupefaciento". Bueno, para no citar aquel otro presidente de la Comisión de Lucha contra el Narcotráfico… sospechado de "incurrir en el rubro".

La ecuación fatal es que muchos congresistas saben que, al existir incapacidad para debatir grandes temas, lo que los salvarán son los medios. ¿Cómo?, sosteniéndolos como protagonistas de algún acto de oposición nuevo todos los días.

Hay operaciones muy simples que se pueden hacer para dejar en evidencia lo evidente. Preguntarse, por ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que se escuchó en el Congreso un debate interesante sobre el futuro de la educación que se sostuviera por lo menos durante dos horas, con la participación de diversos pensamientos políticos y una agenda claramente debatida con la ciudadanía?

¿Cuándo fue la última vez que se planteó un debate serio sobre modelo de integración al mundo del Paraguay? ¿Cuál fue la última vez que usted escuchó que en el Congreso se debatiera la pertinencia de construir flujos de relación económica con el Asia o de replantearse el rol del Mercosur en relación a Europa?

¿Cuándo fue la última vez que escuchó que en el Congreso se debatiera el sistema de salud privado, salvo aquella vez que una aseguradora quiso levantar el presupuesto a los congresistas, o cuándo fue la última vez que en el Congreso se analizó el tema del sistema de vigilancia de la mora financiera, salvo aquella vez que algún congresista tuvo un problema con Informconf?

¿Cuándo fue la última vez que escuchó hablar en el Congreso sobre un plan serio de desarrollo rural? Estoy seguro que las veces que captó la expresión desarrollo rural desde tal ámbito fue porque la calle estaba incendiada de manifestaciones pidiendo una condonación.

Necesitamos realmente un Poder Legislativo que esté a la altura de los tiempos bellamente desafiantes en los que nos estamos metiendo. Afuera, los países avanzan, se desarrollan, se tornan cada vez más creativos, en gran medida porque sus cuerpos de legislación debaten y promueven acciones vanguardistas que ponen el desarrollo y el bienestar de los ciudadanos en primer lugar, y las inquinas y el salvajismo político en un (infaltable) sitio accesorio.

Es más, en muchos Congresos, les daría vergüenza ocupar cinco horas de debate solo para el canibalismo político.

Basta con mirar alrededor o en nuestra propia historia y tratar de razonar amigablemente, con uno mismo, sobre qué modelo de gestión congresual queremos, uno que sirva para polemizar en el noticiero de las 20:00 o uno que se ocupe de los grandes temas nacionales.

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