Por Esteban Aguirre

@panzolomeo

Si usted es paraguayo, vive en Paraguay o alguna vez pasó 15 minutos por este hermoso país de verdes árboles, un cielo de azul particular, la tierra colorada e ideas de colores divididos, tal vez (probablemente sí o sí luego) haya tenido la gloriosa oportunidad de escuchar el existencial y humoroso análisis fatalista que el paraguayo se hace ante la presencia de medidas de exageradas proporción, sea tamaño, peso, distancia, altura, no importa, el fatal existencialismo es el mismo. Suena algo así:

(Dato No menor: En toda observación el observador codea en las costillas al amigo/a, vocifera una especie de breve sonido de serpiente escrita "Ssst!" y le dice con los ojos bien abiertos…).

Ante la presencia de un objeto muy grande. Por ejemplo, una gran piedra al borde de una cantera.

–¿No querés pío que se te caiga?

Ante la presencia de una persona de voluminoso perfil. Por ejemplo, la colosal entrada, casi en cámara lenta, de un hombre o una mujer de gran tamaño mientras van subiéndose al colectivo.

–¿No querés pío que te pise?

Ante la inminente presencia del vértigo. Por ejemplo, parado al borde del puente Remanso, mirando al agua directo a los ojos.

–¿No te querés pio caer?

Ante el desafío de alguna extrema temperatura, sea frío o calor. Por ejemplo, tiritando al borde del amanecer de un lago casi congelado por el breve invierno mañanero del campo.

–¿No querés pio que te empujen?

Si bien la lista se puede extender hasta volver a encontrarnos con el editorial del diario, creo que cubrimos todos los aspectos necesarios para poder dimensionar el alcance de este casi mortal y constante análisis existencial. Sea peso, altura, tamaño o temperatura, el paraguayo encontrará la manera de convertirlo en una inminente muerte, solo protegido por el humor del "¿No querés pio que te pase?" y la suerte de no ser tan tonto –o– de saltar, caerse, empujarse y/o dejarse ser arrollado por el objeto de gran volumen en cuestión.

¿Será que la misma lógica se origina de una línea de pensamiento forjado a base de haber vivido bajo una idea tiránica por tantos años? ¿A esperar lo peor viviendo dentro de lo que me dicen que es mejor?

Como cansa la idea de no ser genuinamente libres por más de 30 años y vivir un libertinaje hipócrita que aún deja una resaca sobre nuestra forma de ver el mundo. Un mundo dentro de donde Paraguay simplemente simboliza una gota de agua en el mar, pero que gran –y ojalá refrescante– gota de agua significa para todas las personas que habitamos este país que pareciera de otro planeta, hasta el color de su tierra rinde tributo a la noción de que hay vida en Martes.

¿Qué pasaría si, por un momento, jugásemos con la idea de alimentar esa misma pregunta, existencial "No querés pío…" y le diésemos un final de oración positivo?, una óptica más feliz por así decirlo. Alimentar posibles y esperanzadoras nociones como:

–¿No querés pio que construyamos una bicisenda y celebremos el andar del ferrocarril con un deporte sano?

–"¿No querés pio si probamos de que la yerba mate o ilex paraguayensis obtenga un

lugar dentro del Arca del Gusto y logremos rescatar esta especie que tanto

representa de nuestra historia?".

–¿No querés pio agarramos una moto y recorremos todos los barrios de Asunción

para dejar un registro fotográfico de lo hermoso de lo desconocido?

–¿No querés pio reactivamos el centro proponiendo un desarrollo urbanístico a través

de la ocupación de espacios públicos por sus ciudadanos, se puede llamar plan CHA

o qué?

–¿No querés pio tratamos de comer en comunidad armando una tertulia

gastronómica el primer lunes de cada mes, en donde con un vaso en la mano y un

plato en la otra, el celular queda en el bolsillo y la comunidad empieza a dialogar

amablemente, al menos una vez al mes?

–¿No querés pio logramos que se legalice la marihuana y Paraguay entre a ser

competitivo en el desarrollo de material de construcción, textil y farmacéutico

convirtiéndose en la primera gran industria del Hemp del planeta tierra?

–¿No querés pio probamos hablar en vez de tirarnos sillas?

Ahora que pienso, muchas de estas conversaciones ya están encaminadas (tal vez a la de las sillas le falte un poco de tiempo) muchas de ella tal vez simplemente no tengan la lupa correspondiente situada encima. Con la merecida atención que merecen estas maravillosas ideas que están transformando este país que poco a poco empieza a creer en otro color. En el color naranja de la industria creativa, un espacio que poco a poco suma la mente de obra a la mundialmente renombrada mano de obra paraguaya, que hace tiempo necesitaba –para ser redundante– una mano.

La idea de constantemente preguntarse "¿No quermes pio…?" a mi me parece más que

saludable, ahora, eso sí, creo que la manera en que cerramos ese retórico cuestionamiento define nuestro grado de inteligencia y empatía hacia el país que en primavera se viste, verdaderamente, de todos los colores.

¿No querés pio ver si brindamos o que?

¡Salú!

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