Por Jorge Torres
Periodista
¿Por qué antes de buscar la verdad, se busca la mentira? ¿Desde cuándo en Paraguay entró en vigencia el tilinguerío periodístico?
Me preguntaron el viernes pasado si elegir vivir del periodismo fue una buena elección y por qué. Mi respuesta fue que en este oficio uno no tiene pausas, ni descansos ni feriados. No existe el periodista de horarios de oficina. He aprendido y me educaron a amar la belleza. A no perder esa capacidad de asombro. De maravillarme por un día espléndido. La belleza es el esplendor de lo verdadero; por eso, siempre repito que en este oficio la única ética del periodista es su compromiso con la verdad: amar la verdad más que a uno mismo. Y esto es lo que muchos periodistas han perdido. Se aman más a sí mismos antes que buscar y contar la verdad.
Cuando repito que es difícil hacer buen periodismo desde el odio, no significa que hacer críticas sea sinónimo de odio. Un periodismo que no critica no es periodismo. Pero, ¿qué entendemos por la crítica? Es absolutamente razonable que se ponga en duda todo lo que provenga del poder. Pero cuando sobre esa duda se antepone la evidencia, ¿Por qué insistir con ella? Y es aquí cuando entramos en lo que llamo el tilinguerío periodístico. Persistir en el error, en la mentira y en la manipulación.
Pongo como ejemplo, la denuncia hecha por el abogado Luis Canillas y el famoso grupo de Whatsapp de senadores SOSParaguay. Varios integrantes de ese grupo reconocieron que las conversaciones contenidas y denunciadas efectivamente existieron. Entonces, ¿Por qué insistir que fue un montaje? Discutamos el contenido y las consecuencias. Pero, la evidencia está. Sin embargo, ahora se instala también lo del espionaje.
El propio senador Silvio "Beto" Ovelar me confesó en radio UNO que no usa Whatsapp y que a través del número de su esposa integró el grupo. Una de las administradoras de ese grupo, la senadora Desirée Masi, incluyó por error un número que pertenecía a una mujer, quien al percatarse de que nada tenía que ver, había salido del grupo pero le volvieron a incluir, pensando que era la esposa de Ovelar.
Cuando oí la denuncia de Canillas, claro que dudé, pero al hacerle el seguimiento e indagar el origen el caso, la evidencia está. Y por supuesto, dentro de la investigación fiscal debería estar incluida la solicitud de informes a Facebook para corroborar la existencia real de tales conversaciones.
¿Por qué la versión de Masi tendría más peso que la versión de Canillas? El tilinguerío periodístico seguirá hasta el cansancio con la historia del espionaje, pero el periodismo serio aguardará la conclusión de la investigación, a partir de un hecho real, la evidencia que es el teléfono en cuestión.
El tilinguerío periodístico seguirá con el populismo de que los falsificadores de las firmas proenmienda gozan de libertad y Payo Cubas está en la cárcel. Cuándo en el periodismo aprendamos a buscar la verdad y no el show para obtener aplausos, ahí habremos dado un paso trascendental como contribución a la sociedad. Mientras tanto, seguiremos escuchando los gritos histéricos de una prensa inmadura, soberbia y arrogante, incapaz de tolerar una crítica y mucho menos elevar el nivel de la discusión. Buscar la verdad no es tolerar la corrupción, ni mucho menos obviar las críticas, buscar la verdad es amar este oficio que decimos abrazar libremente.
Para concluir, no es mi intención entrar a polemizar con otros colegas ni satanizarlos por sus opiniones. Al final, como reza el adagio, cada uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Sin embargo, quiero recordarles lo que había escrito hace un par de años Pablo Mendelevich, destacado periodista argentino sobre lo que en su país se denominó el "periodismo militante", que como alguna vez ya se dijo, es un oxímoron: "El buen periodismo antepone la búsqueda de la verdad a cualquier gusto personal, algo que un predicador no entiende porque es alguien que dice haber hecho suya la verdad que ya encontró. Ser fanático, enemigo de la duda, es lo más incompatible con el trabajo periodístico".