El esfuerzo público y privado debe concentrarse no solo en grandes logros estadísticos, sino también en ofrecer las condiciones adecuadas a sus funcionarios y trabajadores. En la medida en que las condiciones laborales sean mejores, la producción en cualquier ámbito será indudablemente mejor. Esto está comprobado. Estamos hablando que, tanto, empresas públicas y privadas no solo deben ofrecer ambientes agradables y seguros para el trabajo, sino también de salarios dignos acordes a las funciones de sus empleados y funcionarios.

El tema salarial es una discusión que se da desde hace décadas y pone uno frente al otro a la clase trabajadora especialmente con el empresariado. En el sector público desde luego también hay reclamos, sobre todo en aquellos sectores que históricamente fueron descuidados, como el de los docentes, el de los médicos y policías. Siendo un tema trascendental para miles de trabajadores, este punto, el de los salarios, debe ser un aspecto importante en las discusiones de las políticas de Estado. Esto solo se puede dar si existe una postura firme respecto a la necesidad de lograr mejores condiciones para los trabajadores y la apertura necesaria para entablar diálogos que permitan escuchar a todos.

Esto fue lo que se dio entre el Gobierno y las centrales sindicales, sectores antagónicos que en esta ocasión, como pocas veces, consensuaron impulsar un proyecto de ley que modifique las reglas de juego para el ajuste del salario mínimo. Si bien la idea tiene una postura contraria de algunos grupos empresariales, no se puede desconocer la necesidad de llevar adelante acciones que estén centradas en el interés general y no en el particular.

El ajuste del salario mínimo es una realidad y se concretará desde este mismo mes gracias a la modificación legal que establece el mecanismo para ese efecto. Fue una propuesta del Ejecutivo y las centrales, aprobada en el Congreso Nacional, estadio en el que también se entendió que la labor de los poderes es gobernar y legislar para todos, no solo para algunos grupos. Este tipo de actitudes que estuvieron antecedidas con análisis desde diferentes aspectos son las que demuestran que es posible, a través del diálogo franco y sincero, impulsar acciones pensando en la gente, dejando de lado los temas políticos, ideológicos y de intereses grupales o personales.

Esta decisión acompañada por el Ejecutivo y el Congreso beneficiará de manera directa a unas 380 mil personas que están en el rango del salario mínimo. A este número se debe sumar una importante cantidad de trabajadoras domésticas que también deben estar comprendidas en este ajuste. El número de beneficiados es mayor cuando consideramos el impacto que puede tener en otros sectores más vulnerables.

Respecto al necesario ajuste para una franja de funcionarios públicos, como el de los policías, se detalló que empezará a regir desde el 2017, atendiendo a que tiene directa relación con el Presupuesto General de la Nación (PGN).

El salario mínimo es un solo aspecto del complejo sistema salarial en el país. Solo una pequeña franja está por encima de este nivel salarial, con relativas mejores pagas; una grande está por debajo de manera irregular, y una mayor en la considerada informal, incluso sin mínimas condiciones laborales de acuerdo a la legislación. Es decir, hay que reconocer que el ajuste salarial para la franja con salario mínimo es recién un pequeño avance a la gran tarea que aún se tiene en este campo. Hay que trabajar con fuerza para lograr ajustar el sistema en todos los ámbitos y formalizar muchísimos puestos laborales.

Algunos sectores probablemente señalarán que el ajuste es muy bajo, pero se debe considerar imposible por ahora un incremento como todos desean, porque deben ser analizados numerosos factores para que el impacto en la economía no sea negativo. Más allá del porcentaje del aumento para esta ocasión, el punto principal respecto a este tema es que las reglas de juego para determinar los ajustes se han cambiados, lo que beneficiará enormemente a la clase trabajadora. Esta realidad no es un análisis basado en una interpretación oficial, sino en el que hace la misma dirigencia sindical que apostó siempre a esta modificación y que, con esta decisión, festeja como una victoria.

La manera en la que se manejó la propuesta de ajuste del salario mínimo debe ser aplaudida e imitada para otros campos, donde generalmente la confrontación es la constante. El aumento fue posible porque existió diálogo, debates con divergencias pero, finalmente, con mucho respeto, un consenso que hoy permite señalar sin equivocación alguna que es posible pensar en que los paraguayos desean lo mismo: un mejor país con mejores condiciones para todos.

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