Desde el Ministerio de Obras Públicas llegan alentadoras noticias acerca del aumento de los niveles de ejecución presupuestaria e inversión, especialmente en lo que atañe al mantenimiento y ampliación de la red vial. En lo que va del año, el Estado ha invertido ya alrededor de US$ 965 millones, una cifra considerablemente mayor a la canalizada hacia estas obras cruciales en años anteriores.
La construcción, mantenimiento y mejoramiento de las redes viales es quizás una de las funciones más elementales, primarias, del Estado. Se podría decir incluso que proveer las condiciones estructurales para el desarrollo social y cultural de la población y para el crecimiento económico es una misión del Estado que no puede sino comenzar con la apertura de caminos y rutas.
Las comunidades aisladas están condenadas al estancamiento, la pobreza y la decadencia. En nuestro país lamentablemente existe un déficit muy grave en este sentido.
Extensas áreas del territorio paraguayo viven cerradas sobre sí mismas debido a la carencia de vías de comunicación apropiadas. Si lugares que generan riqueza debido a la pujanza de su actividad agrícola y agropecuaria habían sido descuidados hasta ahora qué sería de aquellas partes del país más atrasadas o que no tienen la posibilidad aún de desarrollar sus potencialidades.
Se trata de un círculo vicioso que es necesario romper: los caminos no llegan a las comunidades o zonas más atrasadas, las que soportan el estancamiento a su vez porque no tienen vías de comunicación que estimulen y favorezcan el crecimiento.
Caminos transitables en todo tiempo y que permitan acceder con facilidad y prontitud a los mercados son indispensables para la atracción de nuevas inversiones.
Sin un adecuado desarrollo de la infraestructura es dudoso que el sector privado asuma los riesgos de nuevos emprendimientos. Por todo ello es una excelente noticia que importantes recursos se vuelquen a la expansión de los caminos, que la ejecución sea efectiva y no solo en los papeles.
Ahora bien, la extensión de los caminos troncales, los de conexión y los vecinales no es el único beneficio que se obtiene mediante la inversión en este campo. Merece también destaque la gran cantidad de puestos de trabajo que se genera en torno a estos proyectos. La construcción –una característica que comparte con la industria– es un sector que puede emplear a gran cantidad de personas, ya sea mano de obra calificada o jornaleros. El asunto central de la economía paraguaya es la generación de empleo.
Con un sustancial incremento en la cantidad de mano de obra ocupada se logran beneficios globales que van desde la dinamización del mercado interno y la elevación del consumo hasta la formalización de la economía. Es fácil deducir entonces que el estímulo a la construcción –en el caso del Estado, a través de las obras públicas– representa beneficios para el conjunto de la economía.
Las medidas asistenciales solo mitigan los devastadores efectos de la miseria y la exclusión, pero no son soluciones sostenibles en el tiempo. La pobreza se eliminará con la expansión económica y la creación de empleo, que fortalece y dinamiza el mercado interno, y no con fórmulas de manual, de izquierda o de derecha.
Es de esperar que en los próximos años se multipliquen aún más las inversiones en materia de desarrollo vial, atendiendo sobre todo a las grandes carencias que aún existen en nuestro país en este sentido. La extensión y la optimización del sistema de caminos, rutas y carreteras debe ser una política de Estado, más allá de las administraciones gubernamentales particulares.