Hay conductas que alientan y contribuyen a resolver los conflictos de forma pacífica y civilizada: saber escuchar a la contraparte, saber defender la posición de cada uno y también respetar el argumento del interlocutor. En contrapartida, hay otras conductas que simplemente son nocivas y entorpecen la resolución como los insultos, las amenazas y las generalizaciones.

Parte de estos dos hechos puntuales han ocurrido en las últimas semanas e involucran a autoridades del Gobierno. Una tiene que ver con las negociaciones de la deuda campesina y la otra con la huelga docente. En la primera, donde hasta ahora los labriegos se muestran reacios a continuar dialogando, todo indica que se retomarán las conversaciones; mientras que en la segunda, el Ministerio de Educación y Cultura ha finalizado de manera exitosa con un acuerdo marco con los gremios docentes.

La negociación de la deuda campesina, que comenzó luego de que los productores rurales realizaran en abril pasado una serie de movilizaciones en la capital, defendiendo su modelo productivo y exigiendo que las autoridades les permitan renegociar compromisos contraídos, sobrevino una etapa de tregua que permitió que representantes del Ministerio de Agricultura, del Crédito Agrícola de Habilitación y los líderes campesinos pudieran auscultar en detalle la reingeniería financiera que iba a implicar la resolución del conflicto.

Así lo hicieron; durante cuatro meses se analizó in extenso un profuso listado que contenía nombres y cuentas de miles de productores, se examinó caso por caso la viabilidad del mismo, y cuando todo indicaba que se arribaría a un acuerdo, se produjo la ruptura unilateral.

Los mismos líderes que se mantenían con cierta celo en la mesa de diálogo se echaron atrás, pese a que ambas partes expusieron sus puntos, arreciando incluso sus demandas, ya que pretendían la condonación total de la deuda como condición para volver a conversar.

Pese a este impasse, el ministro de Agricultura sigue insistiendo en el diálogo, en el retorno a las negociaciones, pese a que desde la contraparte no se ha visto interés pleno en resolver el conflicto, además de las amenazas de llevar a cabo –de nuevo– movilizaciones en el mes de setiembre, aspectos que indudablemente no contribuyen a apaciguar la tensión en un importante sector del campo paraguayo.

Pese a que todavía no está cerrado un acuerdo ni desestimada ninguna propuesta, el Gobierno convocó nuevamente para este miércoles a los negociadores, reafirmando así que el diálogo es y ha sido la apuesta de los negociadores y no la imposición, el saber escuchar y no desoír, defender las posiciones cuando haya que hacerlo y desechar toda idea que fuerce un compromiso.

Así lo han entendido los negociadores en el conflicto docente. Allí la amenaza de una huelga de maestros para la primera semana de setiembre estaba latente. Sin embargo, luego de extensas reuniones entre dirigentes de gremios de educadores y autoridades de las carteras de Educación y de Hacienda se arribó al esperado acuerdo. Merced a este convenio, unos 60 mil docentes contarán con un 24% de aumento en sus remuneraciones.

Ambos casos descritos, incluso el semiacuerdo con los campesinos, muestra que la llave para la solución de conflictos es el diálogo y no la exigencia o el abuso, sino el compromiso sincero y no medias verdades que enturbien el proceso.

La vitalidad y el dinamismo del diálogo social es un indicador irrefutable de la madurez democrática de las relaciones entre mandatarios y mandantes, entre el pueblo y sus autoridades. Es también una herramienta clave para evitar las decisiones unilaterales que tanto daño han hecho en el pasado.

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