Por: Emmanuel Báez Rodríguez
@mrtenno
Una vez que los hijos van entrando en la etapa escolar, los padres solemos reaprender muchas cosas que habíamos olvidado de esa época; especialmente aquellas que tienen que ver con las tareas y las materias que teníamos en primaria. Con los cambios en la educación a lo largo de los años, algunas clases tienen nombres diferentes a cuando nosotros éramos chicos, pero el contenido es bastante similar.
Así también, está la cuestión de las tareas que los chicos traen a casa y deben realizarse con supervisión de los padres, que en muchos casos provocan en uno una regresión cargada de nostalgia. Algunas tareas requieren un simple control, pero mi hija de seis años ya está empezando a traer trabajos que necesitan de un acompañamiento más activo en casa. La última asignación fue realizar una maqueta del barrio, usando cajas de remedios como algunos sitios destacados, y agregando las calles y los lugares más conocidos de la zona.
Lo que al principio parecía un trabajo de una o dos horas, terminó convirtiéndose en una obra de dos o tres días, con toda la familia colaborando para que los detalles sean perfectos, aunque las terminaciones y las partes más importantes seguían quedando a cargo de mi hija, que se llevó una maqueta que seguramente la inspirará a convertirse en arquitecta o, como mínimo, a seguir colaborando en familia.
Ver las tareas de mi hija me hizo desear no haber tirado a la basura mis trabajos de preescolar que tuve guardado durante mucho tiempo hasta poco antes de haber terminado la secundaria. Recuerdo que, a veces, solía revisar esos trabajos inocentes preguntándome si tenía alguna idea en ese entonces de la persona que sería al crecer. Me pregunto si mi hija seguirá aprovechando la escuela en los próximos años, y si sentirá la misma nostalgia que solemos experimentar su mamá y yo.
La educación es un tema de constante debate. Mi novia y yo estamos de acuerdo con algunas cosas, y desaprobamos otras; aunque no podemos hacer mucho sino mantener en la casa una extensión de lo que sea que aprenda en la escuela, asegurándonos de que realmente sea beneficioso para su desarrollo. Afortunadamente, elegimos una institución respetable donde siempre resaltan la importancia del acompañamiento familiar y los buenos valores de convivencia.
Mientras tanto, seguimos ayudando en las tareas cuando hace falta, regresando a esos días en los que acertar en una resta de dos dígitos era algo digno de festejar. En la mayoría de los casos, nuestra ayuda no suele ser necesaria, pero sí nuestro apoyo moral, que nunca deja de ser importante. Pueden ser excelentes alumnos, pero nada alegra más a una hija que los aplausos de los padres en casa.