Bitcoin y China siempre han formado una extraña pareja. A los partidarios de bitcoin les encanta su independencia de las autoridades centrales, y en China a esas autoridades les encanta su poder, así que parecía poco probable que aceptaran una criptomoneda que implicaba tener menos control sobre algo tan fundamental como la administración del dinero. Sin embargo, China se convirtió en el mayor mercado de bitcoin del mundo, con dominio tanto sobre su intercambio como sobre su "minería" a través de computadoras.

De cualquier forma, parece que no era su destino. El sorprendente éxito de bitcoin en China parece estar llegando a su fin. Una serie de prohibiciones anunciadas el mes pasado dejaron muy claro que bitcoin y todos sus escurridizos compañeros, desde ethereum hasta litecoin, no son bienvenidos dentro de las fronteras de China.

Algunos esperan que las prohibiciones sean temporales. Después de todo, el gobierno ha expresado que pretende que China se convierta en líder de la tecnología de cadenas de bloques, la cual es parte integrante de bitcoin. Sin embargo, parece más probable que las autoridades apliquen medidas más estrictas también a las demás criptomonedas utilizadas en China.

Bitcoin ha tenido problemas en China desde febrero, cuando el banco central tomó medidas para frenar el flujo ilícito de capital, por lo que ordenó a las casas de bolsa suspender el retiro de monedas virtuales hasta que lograran identificar a sus clientes. La participación de China en el intercambio global de bitcoin se redujo de más del 90 por ciento a cerca del diez por ciento.

Ante esta drástica reducción en las operaciones con bitcoin, muchos consideraron otras criptomonedas y sus primas, las criptofichas. Estas últimas se emiten en ofertas iniciales de moneda (ICO, por su sigla en inglés), a través de las cuales las empresas nuevas recaudan efectivo. Sin embargo, el 4 de septiembre los reguladores prohibieron las ICO, por considerarlas una manera ilícita de recaudar fondos. Esta medida fue un presagio de otra todavía más estricta: una orden para que todas las casas de bolsa de monedas virtuales suspendan operaciones a fin de mes.

No se sabe a ciencia cierta por qué el gobierno decidió tomar medidas en este momento, pero combinan a la perfección con una campaña lanzada hace un año con el propósito de controlar los riesgos financieros. Ahora que bitcoin parece más inestable que nunca y con el congreso que el Partido Comunista celebra cada cinco años programado para octubre, la meta principal es lograr estabilidad.

En un principio, las estrictas medidas de China provocaron conmoción en los criptomercados globales. El precio de bitcoin bajó un 35 por ciento, desde los valores más altos que había alcanzado antes de la prohibición de las ICO hasta su punto más bajo, debido a las noticias del cierre de las casas de bolsa. Sin embargo, ahora se ha recuperado más del 20 por ciento. Muchos partidarios de bitcoin no han perdido la fe.

No obstante, para los inversionistas de China el cierre de las casas de bolsa podría ser un golpe letal. El gobierno no ha declarado ilícito que los particulares tengan bitcoins, pero tienen muy pocas opciones para utilizarlos. En teoría, podrán seguir negociando en privado, pero la liquidez será mucho menor que en las casas de bolsa. Si cambian a bolsas ubicadas fuera del país, se enfrentarán a los controles de capital. Además, se dice que los reguladores quizá bloqueen el acceso a sitios de negociación extranjeros a través de la web.

Por ahora, los mineros de bitcoin en China pueden seguir excavando su yacimiento digital. Crean alrededor del 70 por ciento de las nuevas bitcoins con una serie de computadoras encargadas de los cálculos que producen la criptomoneda. Las empresas chinas tienen acceso a equipo y electricidad baratos, así que se instalan en zonas remotas del país donde varias plantas eléctricas tienen capacidad excedente.

Sin embargo, los mineros temen que sus días estén contados. El gobierno podría declarar ilícita su actividad, o intentar socavarlos haciendo más lentas sus conexiones con plataformas de negociación fuera de China.

El impacto global de la desaparición de China como centro económico de bitcoin no es claro. Eliminar de la dinámica a una economía tan grande obviamente puede parecer negativo. Sin embargo, como ya demostró el rebote en los precios de bitcoin, por el momento los inversionistas no están muy preocupados. La posibilidad de que se aplicaran medidas más estrictas en China se cernía sobre el mercado desde hace años. Además, si los mineros chinos se ven obligados a hacerse a un lado, habrá más espacio para que otros ocupen su lugar. La prohibición en China quizá también mitigue los problemas de gobierno de la moneda, pues debilita la influencia de los mineros chinos, que han tenido choques con los desarrolladores occidentales de bitcoin.

Una amenaza mayor es que otros países pueden seguir el ejemplo de China. Los reguladores se están movilizando. En Estados Unidos, la Comisión de Bolsa y Valores anunció esta semana que creará una ciberunidad para controlar, entre otras cosas, las malas prácticas con monedas digitales. En Japón, que hasta ahora había sido un refugio, la Agencia de Servicios Financieros supervisará de cerca a las casas de bolsa a partir de octubre. Australia, Canadá y Europa consideran normas todavía más estrictas.

En otras palabras, China todavía podría encontrarse a la vanguardia del mundo de las criptomonedas, pero con el tipo de liderazgo que menos quieren ver los adeptos de bitcoin.