Incluso en bodas o avistamientos de ballenas, el zumbido de un dron ya no es sorprendente. La fotografía con drones está en su apogeo. Gartner, una empresa de consultoría, afirma que se venderán cerca de 174.000 drones para uso comercial en todo el mundo este año y 2,8 millones a consumidores.

Es fácil imaginar que unos cuantos puedan caer desde el cielo y causen un daño que el piloto no pueda pagar: pasteles de boda aplastados, espectadores lesionados y demás. Entre múltiples cuasipérdidas, ya han ocurrido varios incidentes. En el 2014, por ejemplo, un dron que filmaba un triatlón en Australia chocó con la cabeza de un competidor.

Es claro que los usuarios de drones requieren seguros. Comúnmente los riesgos quedan asegurados mediante el pago de una prima anual. Insure4drones, una aseguradora inglesa especialista en esto, cobra 1.000 dólares por la cobertura del D.J.I. Phantom, un dron muy vendido, durante un año. En octubre, sin embargo, una nueva empresa londinense llamada Flock ofrecerá seguros por vuelo a cualquier operador comercial de drones que haga clic sobre un botón de una aplicación en el Reino Unido. Pronto seguirá la cobertura para los pilotos no profesionales. Los costos serán de cerca de 6,75 dólares por hora de vuelo, según Allianz, una aseguradora.

La aplicación Flock depende de una amplia gama de datos. Las predicciones sobre el clima provienen de IBM, el gigante de la computación que, habiendo gastado más de 2.000 millones de dólares en The Weather Company en el 2015, ahora ofrece predicciones sobre un área cercana de algunos cientos de metros y para un lapso de minutos. La información en vivo sobre aeronaves cercanas proviene de una compañía de software llamada Snowflake, que rastrea aviones por todo el planeta. Flock también toma en cuenta la topografía local, como, por ejemplo, la proximidad con iglesias, hospitales y escuelas, así como caminos y niveles de tráfico. Además, monitorea al dron mismo, y recoge datos conforme este vuela para construir un perfil de riesgo específico a esa máquina.

Todos esos números se calculan cuando un cliente solicita el seguro a través de la aplicación. Además de darles una cotización, la aplicación les dice a los pilotos cómo reducir sus riesgos. Entonces Allianz convierte las puntuaciones de riesgo basadas en los datos de Flock en un precio.

Lo atractivo para Allianz es conseguir clientes a bajo costo.

"Más que humanos sentados escribiendo para hacer pólizas, el algoritmo lo hace en el lugar", dijo Tom Chamberlain, quien gestiona el aseguramiento aéreo en la empresa.

Los seguros convencionales funcionan agrupando riesgos individuales y luego estableciendo un precio para ese grupo; por ejemplo, nuevos conductores de menos de 30 años. Ese proceso puede ser mucho más refinado, sin embargo, cuando los objetos y las personas a asegurar pueden proporcionar informes automáticamente a la aseguradora y si hay abundancia de datos sobre el entorno exterior. Conforme una creciente cantidad de sensores en los teléfonos, relojes, drones y autos que recojan cada vez mayores volúmenes de datos, será posible evaluar el riesgo en tiempo real de más actividades, aunque, si no hay ese agrupamiento, asegurar algunos riesgos puede tener un costo prohibitivo.

Flock no está sola. Verifly, una nueva empresa con sede en Nueva York, compite con ella en Estados Unidos. Root, una aseguradora de autos, ofrece a los conductores un seguro con base en su comportamiento minuto a minuto detrás del volante. Incluso les hace un descuento a los conductores de Tesla si sus autos pasan mucho tiempo en modo automático. Slice, una nueva empresa de San Francisco, permite a sus clientes asegurar sus autos o casas durante el tiempo que se usen en servicios como Uber o Airbnb. Trov, también con sede en San Francisco, asegura objetos personales durante períodos cortos.

El presidente de Flock, Ed Klinger, dijo que en algún momento quiere asegurar todo tipo de actividades autónomas futuras, desde viajes en taxi hasta cápsulas rodantes de entregas.

Argumenta que vender seguros con primas anuales es inflexible. Así es más difícil aprovechar el gran volumen de datos en vivo que ahora pueden ayudar a calcular el riesgo implicado por cierta actividad en un determinado momento. Por ejemplo, un pasajero en un taxi autónomo puede estar en mucho menor riesgo si el viaje ocurre en horas no pico o en condiciones climáticas en las que el auto pueda tener su mejor desempeño. Las compañías que envían drones de entrega podrían usar Flock para calcular el riesgo de cada viaje automáticamente, dependiendo de su carga y la dirección de entrega.

Este modelo de negocio está en pañales, pero los seguros disponibles por encargo parecen destinados a crecer. En un mundo donde los consumidores esperan de sus servicios la practicidad de obtenerlos al oprimir un botón, exigirán lo mismo del seguro para esos servicios.