Para los residentes de Macao, una antigua colonia portuguesa que ahora es una región autónoma de China, el tifón Hato fue dramático no solo por el daño que causó, sino también por la ayuda que llegó a continuación. Después de que la tormenta castigara el territorio a finales de agosto, las tropas chinas salieron de sus cuarteles para ayudar con el trabajo de socorro. Fue el primer despliegue del ejército en las calles de Macao desde el final del gobierno portugués en 1999. Sorprendentemente, la presencia de los soldados fue aplaudida.

En las cercanías de Hong Kong, a la que Macao debe estar unida por un largo puente el próximo año, las tropas chinas no habían sido nunca antes convocadas para ayudar a las autoridades locales desde que Gran Bretaña devolvió el territorio a China en 1997. Las suspicacias contra el ejército chino siempre fueron profundas. Las conmemoraciones anuales del aplastamiento de las protestas de 1989, en la Plaza de Tiananmen, en Beijing, atraen a miles de personas.

No es así en Macao, donde los críticos de China han sido mucho menos obvios y la oposición al gobierno local ha sido más silenciosa. Los candidatos progubernamentales se dieron bien en las elecciones para la asamblea legislativa local del pasado 17 de setiembre (apenas 516 votos por debajo del Macau-Guangdong Union, de centro-derecha), a pesar del aparente desamparo de las autoridades frente a Hato, que inundó el casco antiguo y dejó sin electricidad a gran parte del territorio.

El día después de que Hato hiciera su show de fuerza, el presidente ejecutivo de Macao, Fernando Chui, se disculpó y admitió que su gobierno había estado mal preparado. También anunció la renuncia del jefe del departamento meteorológico que, a ojos de muchos locales, fue demasiado lento para emitir una advertencia.

Sin embargo, muchos candidatos progubernamentales fueron criticados por residentes enojados sobre la respuesta de las autoridades al tifón y algunos han criticado al propio gobierno. Un candidato, Ron Lam, ha reunido 10.000 firmas en una petición exigiendo que el ex jefe meteorológico sea investigado por abandono del deber. Un candidato de la oposición, Sulu Sou, acusa a Chui de no planear adecuadamente e invertir lo suficiente en defensas contra inundaciones.

De cualquier manera, era poco probable que el descontento de los electores resultara en ganancias electorales para los críticos del gobierno. Los legisladores progobierno tienen 29 de los 33 asientos de la asamblea. El sistema está a su favor: doce de los escaños son para los sindicatos y otros grupos de interés, que se puede confiar apoyan al gobierno y el jefe ejecutivo nombra a los ocupantes de otros siete. Eso dejaba sólo 14 para ser llenado por elecciones directas.

Aun en estos cupos, sin embargo, la oposición ganó menos de un cuarto de los votos en la elección anterior, en el 2013. En Hong Kong, por el contrario, los candidatos prodemocracia ganaron más de la mitad de los votos en los asientos de la asamblea local ocupada por elecciones directas en el 2016.

Entre los pocos políticos en Macao que critican al gobierno chino está Au Kam San, un legislador. Él es uno de cerca de 180 personas que compitieron en las elecciones. Au publicó un mensaje en su cuenta de Facebook cuestionando el papel de los soldados chinos después de la tormenta, desestimándolos como meros recolectores de basura. El sentimiento procomunista es tan fuerte en Macao, sin embargo, que el propio Au admite que sus comentarios pueden haber afectado sus posibilidades de reelección.

El dominio del partido sobre la política del territorio es anterior al final de la dominación portuguesa. Ganó fuerza en los años '60 cuando la revolución cultural se extendió sobre del continente, provocando alborotos procomunistas. Disturbios similares estallaron en Hong Kong, pero las autoridades británicas los redujeron mucho más efectivamente. En Macao, el partido se afianzó y su influencia se extendió por toda la sociedad civil. A diferencia de Hong Kong, el territorio nunca se convirtió en un refugio para los chinos que huían del comunismo. Sus 600.000 habitantes, una doceava parte de la población de Hong Kong, son más receptivas al control del partido.

En contraste con Hong Kong, al que China prometió la eventual introducción del "sufragio universal" en las elecciones para el liderazgo del territorio, Macao no recibió tal promesa. Pocas personas parecen preocuparse mucho por esto. El patriotismo pro-China lo practican los residentes desde la escuela y en los medios de comunicación que en gran medida son propartido. Incluso el mayor grupo prodemocracia del territorio, la Asociación de Nuevo Macao, evita criticar demasiado a los comunistas.

El gobierno mantiene a los residentes alineados con un palo y una zanahoria. La zanahoria es un "programa de participación en la riqueza", una ayuda financiera anual de US$ 1.100 por cada residente permanente. El gobierno puede permitirse esto gracias a la transformación de Macao, en el transcurso de una generación, de un páramo posindustrial al mayor centro de juegos de azar del mundo. Su PIB per capita aumentó de US$ 15.000, en 1999, a US$ 67.500 en el 2016, uno de los más altos del mundo y 68% mayor que el de Hong Kong.

Y si la zanahoria es la mencionada ayuda financiera para cada residente, el palo es una ley de seguridad nacional, introducida en el 2009. En las masivas protestas del 2003 en Hong Kong, se forzó al gobierno a dejar de lado sus planes para un proyecto de ley similar y sigue dudando acerca de la introducción de uno. Tal alboroto era mínimo en Macao.

Su gobierno todavía no ha enjuiciado a nadie bajo esa ley y sigue tolerando las críticas de las autoridades, pero los demócratas en Macao dicen que el miedo a la ley hace que la gente se autocensure. El gobierno a menudo bloquea el ingreso a la isla a los activistas de Hong Kong, por temor a que puedan fomentar disturbios.

A pesar de los altos salarios y los abundantes empleos del territorio, muchos en Macao, especialmente los jóvenes, se quejan del costo de la compra de una vivienda, de la escasez de viviendas sociales, del pésimo transporte público y de los hospitales superpoblados. Se quejan de la falta de plazas de estacionamiento y una gran afluencia de turistas de China continental, dicen, están cambiando el carácter tranquilo y relajado del territorio para peor.

Sin embargo, mientras el descontento se mantenga enmudecido, los gobernantes del continente estarán contentos.