De The Economist

Que los bancos centrales no pueden reducir continuamente el desempleo sin provocar inflación es un dogma económico. Sigue a un "conjunto sustancial de teoría, basada en evidencia histórica considerable", según Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal. Su convicción explica por qué, el 14 de junio, la Fed elevó las tasas de interés en un cuarto de punto porcentual, a un rango de entre 1 y 1,25 por ciento.

Excluyendo los alimentos y la energía, los precios son solo 1,5 por ciento más altos que hace un año, y la meta inflacionaria de la Fed es de 2 por ciento. Sin embargo, Yellen piensa que el desempleo está por debajo de su llamada tasa "natural", así que la inflación pronto debería subir.

¿Tiene razón¿ ¿O ha desaparecido la relación entre el desempleo y la inflación, llamada curva de Phillips?

No es la primera vez que la teoría falla. Después de la crisis financiera de 2008-2009, el desempleo subió a 10 por ciento. Este exceso de trabajadores debió haber hecho caer la inflación, pero los precios se sostuvieron bien: en octubre del 2009, cuando el desempleo alcanzó su clímax, la inflación subyacente fue de 1,3 por ciento, solo un poco abajo del nivel de hoy.

Algunos economistas explicaron esto diciendo que la tasa de desempleo natural había subido a la par; en otras palabras, que parte del aumento en la desocupación era permanente. En agosto del 2013, Robert Gordon, economista de la Universidad del Noroeste, situó la tasa de desempleo natural en un 6,5 por ciento.

Esa explicación no ha aguantado la prueba del tiempo. El desempleo es ahora de 4,3 por ciento, sin embargo la inflación sigue siendo baja. En respuesta, las estimaciones de la Fed de la tasa natural han caído. Esta semana bajaron de nuevo. El constante ajuste socava la justificación de la Fed para los aumentos de tasas. Planea imponer otro este año, y también empezar a reducir su hoja de balance, la cual se infló durante y después de la recesión a medida que compraba activos con dinero recién creado.

Sin embargo, los economistas no están a punto de abandonar la curva de Phillips por tres razones.

Primera, los efectos del desempleo sobre la inflación pueden pasar inadvertidos en medio de los giros económicos temporales. Eso es más obvio cuando caen los precios del petróleo, como hicieron a fines del 2014. Más recientemente, el precio de los datos móviles cayó. Una compañía, Verizon, ha empezado a ofrecer datos ilimitados. Al mismo tiempo, los estadísticos han incrementado el peso que dan a esos cambios. Como resultado, mejores contratos de telefonía celular han reducido la inflación de los precios de consumo en más de 0,2 puntos porcentuales durante el último año. Economistas del banco Goldman Sachs piensan que el desempleo tendría que cambiar en entre uno y dos puntos porcentuales para tener un impacto comparable.

Segunda, es posible que la inflación despegue significativamente cuando el desempleo sea demasiado bajo, en lugar de gradualmente conforme la economía se acerque al umbral. Esto sucedió durante el período que refleja mejor las circunstancias de hoy: fines de los años 60. Como el desempleo estaba debajo de 4 por ciento, la inflación subió de 1,4 por ciento en noviembre de 1965 a 3,2 por ciento un año después, y a casi 5 por ciento para fines de la década. El presidente Lyndon B. Johnson fue en parte culpable. Presionó a la Fed para que no compensara los recortes de impuestos totalmente con una restricción monetaria. Como el presidente Donald Trump está prometiendo recortes de impuestos, y puede reemplazar a Yellen a principios del año próximo, la historia aún podría repetirse.

La última razón para no desechar el libro de texto es su énfasis en las expectativas inflacionarias, así como el desempleo. Las expectativas inflacionarias han caído mientras el mercado laboral se recuperaba. Según la Fed de Nueva York, descendieron de nuevo en mayo.

Las expectativas autocumplidas pudieran explicar la baja inflación y exonerar a la curva de Phillips. En vez de ello, ponen en duda la credibilidad de la promesa de la Fed de alcanzar su meta inflacionaria.