Oslo, Noruega | AFP, por Pierre-Henry DESHAYES.

¿Premiará el Nobel de la Paz la lucha antinuclear? En un momento en que la crisis norcoreana adquiere tintes de Guerra Fría, el galardón podría recompensar este año los esfuerzos contra la proliferación de las armas atómicas.

El premio de la Paz, quizás el más famoso de los Nobel, se otorgará este viernes de Oslo, una ocasión para los expertos escandinavos en asuntos internacionales de hacer pronósticos.

El ejercicio siempre resulta complicado ya que lo único que se conoce es el número de candidatos, 318 este año.

Tras el presidente Juan Manuel Santos, recompensado el año pasado por sus esfuerzos para devolver la paz a Colombia, un premio para la lucha antinuclear sería bienvenido.

"El Comité del Nobel daría la campanada si le concediera el premio al acuerdo sobre el programa nuclear iraní", opina Asle Sveen, historiador del premio Nobel, que coloca entre los favoritos al ex secretario de Estado estadounidense John Kerry y a los jefes de la diplomacia iraní, Mohamed Javad Zarif, y europea, Federica Mogherini.

El acuerdo cerrado en 2015 con seis grandes potencias (Estados Unidos, Reino Unido, China, Francia, Rusia y Alemania) impone un estricto régimen de vigilancia sobre las instalaciones iraníes para garantizar el carácter pacífico del programa nuclear, a cambio de un levantamiento progresivo de las sanciones económicas.

Pero el presidente estadounidense Donald Trump amenaza con revisar ese acuerdo, a riesgo de avivar las tensiones, y en las últimas semanas ha mantenido duros intercambios con el líder norcoreano Kim Jong-Un, a raíz de un nuevo ensayo nuclear y varios lanzamientos de misiles balísticos por parte de Pyongyang.

"Con Corea del Norte en juego, es muy importante apoyar las iniciativas que protejan contra el desarrollo y la proliferación de las armas nucleares", abunda el director del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO), Henrik Urdal.

– ‘El hombre que repara a las mujeres’ –

Otra posibilidad sería la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), tal como sugiere el Consejo Noruego para la Paz.

La ICAN, una coalición mundial de oenegés, impulsó un tratado histórico de prohibición de las armas nucleares que fue adoptado por 122 países en julio, aunque su alcance es sobre todo simbólico, dada la ausencia de las nueve potencias nucleares entre los firmantes.

Entre los demás favoritos están la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, con o sin su alto comisionado, el italiano Filippo Grandi, después de que el número de desplazados por las guerras, la violencia o las persecuciones alcanzara un nuevo récord: 65,6 millones de personas en el mundo el año pasado.

ACNUR ya ganó dos Premios Nobel, en 1954 y 1981.

Peter Wallensteen, profesor en la Universidad de Uppsala, en Suecia, se inclina por el médico congoleño Denis Mukwege, apodado "el hombre que repara a las mujeres" por los cuidados que aporta a las víctimas de la violencia sexual en su país.

Aunque nunca se revela la lista de candidatos, sus padrinos -parlamentarios y ministros de todos los países, exgalardonados, profesores de universidad, etc.- pueden comunicar el nombre de su favorito.

Los "Cascos Blancos" sirios, conocidos socorristas de las zonas rebeldes de Siria, y el papa Francisco también podrían estar entre los candidatos al Nobel de la Paz.

Se mencionan asimismo la Unión Estadounidense para las Libertades Civiles (ACLU), el bloguero saudí encarcelado Raif Badawi o voces independientes en Rusia (Svetlana Gannushkina y el diario Novaya Gazeta) y en Turquía (el periódico Cumhuriyet y su exdirector Can Dundar, que está en el exilio).

En lo que va de año, el Comité Noruego del Nobel se vio enlutado por dos muertes: la de su presidenta Kaci Kullmann Five, fallecida de un cáncer de mama en febrero, y la del disidente chino Liu Xiaobo, que murió en julio de un cáncer de hígado tras unas semanas de libertad condicional, sin haber podido recoger nunca el Nobel que se le otorgó en 2010.

El Comité también vivió una gran decepción con la líder birmana Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz en 1991, criticada por la comunidad internacional por su pasividad ante la violencia contra la minoría musulmana rohinyá en su país.