Los líderes exitosos en el transcurso de su carrera como tal y casi en forma permanente “vuelan en helicópteros” por encima del primer plano de los escenarios en donde actúan, observando objetivamente desde las alturas las actuaciones de los actores de dichos escenarios. Afianzando sus procesos de reflexión y análisis, tratando que sus hábitos de comportamiento no produzcan ningún daño a su paso y visualizando un futuro claro y alcanzable.
Hay que formar líderes que sepan que no tienen empleados, sino personas con familia, pareja, hijos, amigos, aficiones y hobbies. En definitiva, que tienen otra vida después del trabajo. Tenemos un modelo de éxito profesional que responde a un varón que ha sacrificado su vida privada. Y las pocas mujeres que llegan a estos puestos responden también a este esquema. Nos encontramos con muchas personas que, muchas veces, dedican su vida a una empresa; y cuando la dejan acaban encontrándose sin paz, sin salud, sin familia ni trabajo.
Por lo general los líderes exitosos tienen una vida equilibrada desde el punto de vista emocional, comparten con su familia una gran parte del tiempo libre, además de realizar sus aficiones y sus pasatiempos. Se preocupan por sus condiciones físicas y mantienen la mente y el cuerpo en buenas condiciones y no son esclavos en un excesivo amor al lujo. Estas características garantizan que muy pocas veces se ven forzados a adoptar decisiones profesionales por dinero en lugar de hacerlo por el entusiasmo intelectual o por la diversión del reto. En el lado opuesto, es notable que un alto porcentaje de los líderes fracasados parece haberse unido a la persona y a la actividad errónea.
En el mundo de alta velocidad, frenético de hoy, no es fácil estar equilibrado. Hay acontecimientos incontables y relaciones que compiten por atención. Esto toma un peaje sobre la salud de cualquiera, la carrera y relaciones. Constantemente vemos a la gente que está frustrada y no mucho después con estrés o con muchos otros males de este febril siglo XXI.
Sin lugar a dudas, los líderes exitosos poseen una vida privada equilibrada. No se autoengañan, en el sentido que sus conocidos en la organización son sus amigos y que su vida en la empresa es también su vida privada. No utilizan la plataforma corporativa para establecer procesos de sociabilización. Reafirman en cada actuación que su vida privada debe continuar como tal. Sienten un gran respeto por sus amistades personales y el tiempo que pasan con ellos.
Tratan fervientemente de establecer los límites entre la vida social y la empresarial. Por otra parte, se ha descubierto que los líderes altamente competentes también tienen suficientes habilidades sociales para establecer cuántos amigos personales necesitan a fin de tener una vida social interesante. “Una vida en equilibrio” sería la frase más correcta para resumir la vida de los líderes exitosos.
El verdadero éxito de una persona consiste en tener “paz interior” y poseer una “familia” estable, y esto se logra a través de los éxitos económicos, profesionales, pero también viviendo principios correctos profundamente arraigados en la mente y el corazón. Viviendo en coherencia de adentro hacia fuera, donde nuestros hábitos diarios reflejen nuestros valores más profundos, y que se proyecten hacia nuestra vida pública, y que impacte positivamente en la vida de otras personas con quienes interactuamos, llámense hijos, esposos, amigos, compañeros, empleados o jefes.