Es una realidad: las plataformas de streaming cambiaron la forma en que escuchamos música, provocando el cierre de muchas disquerías a nivel mundial, en los últimos diez años. ¿Sobrevivirán a los formatos digitales?

Por: Micaela Cattáneo

En diciembre del año pasado, los melómanos asuncenos recibían la noticia más triste del año: la disquería Walhala, una de las más tradicionales de la ciudad, cerraba sus puertas luego de permanecer 30 años en el mercado. Este rincón de música, ubicado sobre la Avda. Sacramento, era el punto de encuentro de quienes no sólo iban con la intención de comprar un disco, sino de compartir experiencias o anécdotas relacionadas con alguna canción; de relatar la aventura de escuchar el concierto en vivo de su grupo favorito.

Walhala reunió, especialmente, a fanáticos del rock clásico y el hard rock. Aunque tuvieron seguidores de todos los gustos, porque nunca dejaron de abarcar todos los géneros. La disquería tuvo que cerrar por dos motivos: uno familiar, como para dar cierre a un legado; a una historia de años y años y, otro económico, por los cambios constantes que está sufriendo la industria, sobre todo, en la venta de CDs. "Lo que más se extraña es compartir opiniones con los clientes sobre tal o cual grupo, disco o estilo musical", comenta el dueño, Carlos Dos Santos.

Pero Walhala no fue la única disquería que tuvo que cerrar a causa de los cambios en la industria. Imagínense que en el 2006, Tower Records, una de las cadenas de tiendas de música más importantes de los Estados Unidos, cerró su puertas luego de declararse en bancarrota. Lo mismo sucedió, tres años después, con la cadena Virgin Megastore, que ante un avance imponente del MP3 y las músicas compartidas por pen drive, tuvo que despedirse del mercado luego de 40 años de trayectoria.

Pero sin ir muy lejos, en Argentina, hace dos meses, se anunciaba en los principales diarios el cierre de AGB, "la disquería del hombre más cholulo del país", según lo titulaban. El dueño, Alfredo González Barros, conocido por haberse tomado fotos con todo músico que conocía, comunicó que los avances tecnológicos en materia de distribución terminaron por ganarle la guerra a su negocio de formatos físicos.

Y es que en ese constante luto que se vive a causa de la desaparición de las tiendas de música a nivel mundial, son muy pocas las que sobreviven. En Buenos Aires, por ejemplo, en algunos rincones de la acelerada calle Corrientes aún se descubren disquerías como El perseguidor, Magimusica y C Disquería, con más de 20 años de antigüedad, donde predominan los sonidos del tango, el jazz y la música clásica. "Los que más compran son hombres y mujeres de entre 45 y 60 años", relata una de las vendedoras.

La respuesta coincide con la de un personal que atiende una de las sucursales de Music Hall, en nuestro país. De hecho, es lo que se puede comprobar en una visita por esta y otras disquerías, como Led Zeppelin -que hace días festejó su 25º aniversario-, donde es normal cruzarse con personas mayores que consultan precios de discos de guaranias o de históricos álbumes de rock. Claramente, la presentación de la música en formato físico quedó reducida a un público coleccionista, amante de las reproducciones giratorias, que no teme a lo que está ocurriendo en el mundo digital.

El fin de las descargas ilegales

Desarrollar este tema, inevitablemente, nos lleva a recordar películas como High Fidelity (Alta Fidelidad), en la que el actor John Cusack es propietario en una tienda de discos en Londres o, Empire Records, una comedia de culto que desarrolla su historia -de principio a fin- en una disquería y donde podemos observar el papel de una Liv Tayler -hija del vocalista de Aerosmith- de tan sólo 17 años. Volver a verlas es remover esa nostalgia por darle play a un casette en una radiograbadora, por reproducir el lado A y B de un vinilo en un tocadiscos y por echarse al sofá a mirar el concierto en vivo de una banda en dvd.

Las plataformas digitales como Spotify, Apple Music o Deezer dejaron atrás estas costumbres para instalar una experiencia instantánea, multidireccional (por la cantidad de artistas nuevos que podemos conocer) y, al parecer, más económica. Ante esta dinámica nueva, Kamikase Records -uno de los sellos discográficos pioneros en el país-, responsable de las producciones de los principales discos del rock nacional a finales de los 90 y principios del 2000, tuvo que reacomodarse a las nuevas formas de consumo y convertirse en un distribuidor digital para varias tiendas.

Su impulsor, el músico y productor argentino Willy Suchar, asegura que la industria de la música hoy se está recuperando de épocas donde la piratería era la principal causa de la baja de ventas en las disquerías. "Entre el 2005 y el 2012 fue una etapa muy fea para la industria fonográfica. Pero con la consolidación de las plataformas digitales se enderezó ese rumbo y, actualmente, el streaming es la estrella; no así las de descarga como Itunes o Amazon. Aunque todavía las recaudaciones no son satisfactorias, por lo menos la gente ha dejado de piratear porque se da cuenta de que tener música legal no es tan caro".

A propósito de las recaudaciones, Taylor Swift es la que encabeza la lista de artistas que, en su momento, se negaron a colocar música en Spotify porque no ofrecía servicios de regalías. "Es cierto eso de que el pago es menor -explica Suchar-, pero hay que analizar cómo estaba la situación antes: se pirateaba un disco sin pagar un centavo. Hoy se cobra poco, pero se cobra".

Y continúa: "De alguna forma, las plataformas digitales democratizaron los valores; se han unificado. Un single de Shakira sale exactamente lo mismo que un single de un artista nuevo y totalmente desconocido. O comprar el álbum completo de Coldplay cuesta igual que comprar el de una banda emergente (y quizás, mala). Y esto antes no existía en la venta física; ya que las ediciones eran diferentes. Si eran más lindas, tenían un costo mayor en comparación a las ediciones que traían compilados".

La vuelta del vinilo

De un día para otro, los LP volvieron para instalar su reinado en este panorama millenial. Y las disquerías no tardaron en sumarse a esta tendencia nostálgica que, al parecer, está dando buenos resultados económicos. Pero, ¿podrán sostener el mercado de las ventas de formatos físicos? ¿Es la vuelta del vinilo la solución que evitará el cierre definitivo de las tiendas de música?

"En los últimos años, con esta nueva oleada del vinilo se ha recuperado cierta porción del mercado, todavía chico, pero que atiende a un público de un paladar un poco más negro, sobre todo, porque la calidad del audio del vinilo es superior a la del CD. En Argentina se ha reabierto una planta de producción, por ejemplo; en Brasil también", sostiene Willy.

Y prosigue: "La realidad es que hay una tendencia, ya los autos casi no traen CD player sino entradas USB o más bien, con conexiones a bluetooth. Es difícil saber qué sucederá, pero no creo que desaparezcan las disquerías porque todavía hay personas que adoptan estos formatos físicos y los tienen como un objeto preciado, de colección. Con la vuelta del vinilo, el mercado se está acomodando, sobrevivirá en la medida en que se complemente con la venta de libros, dvd, blu-ray, etc.".

Mientras sucede todo esto, hay disquerías para rato.