¿Qué pasaría si la cantidad de alimentos en buen estado que se pierden al día en el sector gastronómico fueran a parar a comedores sociales?

Por: Micaela Cattáneo

Hace algunos años, le preguntaba a una amiga chef a dónde iba a parar toda la comida que no se consumía en los eventos donde ella cocinaba. "Se tira a la basura", me contestó aquella vez, consciente de que no era la respuesta que quería darme. Pero no me había dicho nada nuevo: según la FAO (Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) hasta un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial se estropea o desperdicia y no llega a ser consumido.

El organismo especializado de la ONU asegura que esta cifra equivale a casi 1.300 millones de toneladas de alimentos, con las cuales se podría alimentar a más de 2.000 millones de personas en el mundo. Parte de esta pérdida está vinculada a los hábitos cotidianos que tenemos con la comida: dejamos sobras en el plato, desechamos las frutas que no están del todo en mal estado, dejamos estacionar panificados y productos con fecha de vencimiento próxima.

En Paraguay aún no existe un estudio que indique cuántos alimentos se desperdician al día. Sin embargo, surgen iniciativas que buscan acabar con esta problemática desde acciones concretas. Una de ellas es Mboja'o (Compartir en guaraní) . "En nuestro país se estima que 1.500.000 personas pasan hambre, es decir, no reciben las calorías mínimas diarias suficientes", empieza contando Ximena Mendoza, creadora del proyecto.

Y continúa: "Por otro lado, hay un montón de comida que queda de eventos, restaurantes y hoteles que no se aprovecha. Esto me llevó a preguntarme ¿Y si busco la manera de unir estos dos mundos y equilibrarlos más?". Y justamente, fue con Mboja'o que encontró la forma de luchar contra el desperdicio de alimentos y de ayudar a las personas en estado de vulnerabilidad.

Esta empresa social ofrece a los locales gastronómicos un servicio de recogida de alimentos que son descartados diariamente pero que se encuentran en perfecto estado de consumo. Los recogen y los entregan a lugares donde dan de comer a personas desfavorecidas. "Hasta el momento, con Mboja'o salvamos más de 700 kilos de comida. Ya pudimos donar al comedor de niños Virgen del Rosario, al hogar de niñas Santa Lucía de Marillac, al comedor social de la Parroquia San Antonio de Padua y a la Parroquia María Auxiliadora", cuenta Mendoza.

Cambio de hábitos

A la lucha que instala Mboja'o contra el desperdicio de alimentos, se suma la campaña Salvemos la comida, de Unilever. "No sólo h

ay que crear conciencia sobre el uso racional de los alimentos, sino que esta se convierta en un cambio de comportamiento y este a la vez tenga un efecto duradero", comenta Rodrigo Sotomayor, country manager de la empresa.

En ese sentido, hace hincapié no sólo en el consumo responsable, sino también en una correcta compra, conversión y conservación de los alimentos. "Llevar al plato sólo lo que se va a comer", indica el profesional. Y agrega: "Es importante volver a revalorizar las habilidades de la cocina para darle una segunda vida a aquellos alimentos que sobraron pero que siguen en buen estado".

En ese sentido, Ximena propone otras alternativas para combatir el desecho de la comida. "Se podría empezar con una compra planificada, ir al supermercado con una lista de cosas para no adquirir productos de más", comenta. Y prosigue: "Una tarea fundamental para conservar los alimentos es ordenar la heladera, de manera que queden los productos que acabamos de comprar hacia atrás y los más 'viejos' más adelante. Esto hace que consumamos primero los más 'viejos', así evitamos que venzan sin darnos cuenta".

Impacto positivo

Es importante entender que no sólo los alimentos que terminan en la basura afectan el medio ambiente, sino que a lo largo de la cadena de abastecimiento se producen pérdidas de recursos naturales. "La FAO estima que para producir un kilo de carne son necesarios 15.000 litros de agua, eso significa que al rescatar cinco kilos de carne, estamos salvando 75.000 litros de agua", explica Mendoza.

Quizás, la abundancia de producción de alimentos es un tema que escapa de nuestras manos; sin embargo, sí tenemos el control de los excesos que se generan en nuestra vida diaria. "Hay que tratar de ver más allá del pedazo que nos toca comer", concluye Rodrigo. Y yo pienso: No es imposible cambiar el mundo (¡había sido!).