Desde hace diez años trabaja de manera independiente en el desarrollo personal y profesional de las personas. Hoy, con un equipo de profesionales que apuntan a lo mismo, busca ejercer su rol desde otros canales. ¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrenta un referente del coaching ontológico?

Por: Micaela Cattáneo

Fotos: Aníbal Gauto

No recurrió a frases ni a libros de autoayuda. En una circunstancia difícil de su vida, Javier (49) escuchó una canción que le regalaría una nueva forma de enfrentar su día a día: "Aprender a volar, de Patricia Sosa. Esa música cuenta mucho de mi historia. Y hasta dio nombre a uno de los talleres más icónicos de mi carrera", comenta Barbero, sentado junto a Bree -su mascota incondicional- en el sofá azul de su empresa.

En el salón Demasiado me hallo! de su oficina, el ambiente externo parece aislarse, dando lugar a un espacio acogedor donde las experiencias contadas frente a la grabadora de voz, fluyen. "Ves que al entrar acá parece que estás en un spa", dice y al instante, continúa: "Además de la técnica, siempre me interesó lograr esa conexión humana".

Barbero es cordobés, pero como vive en Paraguay hace casi 20 años, el acento local lo fue ganando (por eso es común que los salones de sus empresas lleven el nombre de frases paraguayas como oĩma). "Llegué en 1998 para el casamiento de una amiga y me enamoré del país. Los primeros años trabajé como profesor universitario y en algunas consultoras. Pero en el 2007 recibí la llamada de los organizadores de CONGENTE -un Congreso Internacional de Recursos Humanos- que cambió para siempre mi vida profesional", recuerda.

Diez años después, frente al círculo de las contribuiciones -que es un círculo sujeto a una pared donde están escritos los nombres de las personas con las que compartió experiencias positivas y negativas- trae a memoria el inicio de su carrera como coach ontológico pero de manera independiente. "A los tres meses de emprender sólo, tuve los recursos para crear mi propia web. El portal sirvió para que los organizadores del congreso me llamaran de Costa Rica para decirme que les gustaba mi estilo y que querían que esté presente. Fui tres veces y lo más curioso es que empecé a trabajar más en el exterior que en Paraguay", señala.

Dicha experiencia le valió el reconocimiento en muchos países de Latinoamérica y, por supuesto, en nuestro país, donde finalmente se consolidó. "Hasta hace cinco años estuve sólo, pero en el camino me fui encontrando con historias de vida de personas resilientes que, a partir del dolor, se reinventaron. Y eso me enamoró. Por eso formé un equipo, porque quiero que la gente viva la experiencia Javier Barbero, más allá de que sea o no yo el que esté al frente", comenta sobre el relanzamiento de su marca -en su décimo aniversario- como un grupo de profesionales.

"Empecé siendo un emprendedor, como si fuera un artesano de Itá, por eso siento que tengo el alma de un artista", reflexiona para luego seguir explayándose: "Por eso hablo de que no es técnica solamente, es conexión humana. Lo que pasa en un taller es directamente proporcional a la calidad del acomodamiento interior de quien lo imparte. Por eso, antes de cada taller meditaba para poder entrar al mundo del otro porque sé que desde el ego o el poder la magia no ocurre".

Para él trabajar con lo más profundo de las personas es una forma de transformarse y enriquecerse todo el tiempo, porque considera que "todo ser humano es un maestro". "Desde el anciano que está en la plaza hasta el niño con sindrome de down; todos pueden enseñarte cosas maravillosas de la vida", destaca.

Sobre la felicidad y otros cuestionamientos

"¿Por qué el ser humano, si es un gran maestro, vive contastemente con problemas de autoestima, comunicación o motivación?", le pregunto y mientras inclina la cabeza a un costado para pensar, me responde: "Porque hay que mirar la historia de la humanidad. Hay hechos difíciles que nunca disminuyeron, como las guerras o las desigualdades. Sin embargo, en el camino de la humanidad como colectivo, también ha habido ganancias, como la declaración de los derechos humanos".

Y prosigue: "Creo que pasa por una cuestión de conciencia y evolución. La vida del ser humano también es un camino; un camino individual que está en un marco social, el cual es necesario hacer para conocerse. Sólo cuando nos conocemos nos damos cuenta de nuestras fortalezas y debilidades y ahí trascendemos. Yo no encontré mi luz sin antes haber pasado por lo más oscuro; lo que me ayudó a conectar con mis dones".

Para Javier no hay culpables, el mundo siempre vivió en condiciones distintas y, aún así, la gente evolucionó. "Si no tomamos conciencia de lo que somos entramos en ese camino de echar la culpa a la tecnología, que resulta una dinámica básica. Sí, es el contexto en el que nos toca vivir, pero eso no impide conocernos y mejorar", reflexiona.

Y ante la duda de qué hacer para que eso de "reconocerse" no choque con lo más individualista del ser humano, él analiza: "Tener ego, por ende ser individual es una necesidad. Si no tuvieramos ego, no tendríamos identidad; este nos permite saber cuáles son nuestros límites. El problema está cuando el ego está sobredimensionado".

Hace una pausa y continúa: "Empezás a vivir una vida que está regida por la exigencia, por el "aparentar", por las luchas de poder. Juzgo que las dificultades que tenemos es porque no sabemos qué lugar darle al ego. Hay circunstancias de la vida en las que necesito defenderme y mostrarme más firme y hay otras en las que debo mantener la calma. La estrategia está en conocernos e integrar y no en entrar en guerra con nosotros mismos".

Hace cinco años, Javier realiza un unipersonal teatral (360ºC) donde interpreta a un profesional exitoso que, en la cima de su carrera, se pregunta si es feliz y, sobre ese punto, también opina: "Por el hecho de ser exitosos no significa que tenemos que ser felices todo el tiempo. La felicidad es un instante, una experiencia. Si yo me quedo con la felicidad como objetivo final, me estoy perdiendo de la tristeza y esta es una emoción que tiene una profundidad que no tiene la felicidad".

"En la tristeza vos podés entrar a regiones muy profundas de tu ser que permiten conocerte. El lugar al que deberíamos tender es al bien-estar, aprender a estar bien con uno mismo a pesar de las circunstancias. Disfrutás o padecés pero no te perdés", añade.

El ser humano está inmerso en un sistema que lo hace pensar que las respuestas a lo que necesita están afuera, cuando en realidad todo se encuentra en uno mismo. "Desde ir de compras hasta el conferencista que te dice que 'este curso puede cambiar tu vida'; los consejos suenan hermosos, alivian un rato, pero al final ¿me hago cargo de la decisión final?", plantea el coach.

"Como coach no doy consejos, acompaño con preguntas específicas y ejercicios para que vos encuentres tu propia respuesta. Mi equipo no viene con fórmulas mágicas, sino a ofrecer espacios para que las personas descubran su potencial de liderazgo. Hay que darles espacios de autoestima y valoración a los seres humanos para que puedan hacer cosas maravillosas", agrega.

Después de diez años de carrera independiente, Barbero decide hacer este paso de lo operativo a lo estratégico porque siente que está listo para contribuir desde otros espacios: libros, teatros o conferencias vivenciales. "Sueño con ser escritor y abrir una fundación para trabajar el liderazgo juvenil. Con esto voy a sentir que el círculo se cierra para disponerme a abrir otros. No tengo dudas, Paraguay me dio la matriz para que yo florezca", remata.