Por: Micaela Cattáneo

De los creadores de "Bajá ese volumen" y "Músicas eran las de antes", llega el especial "Yo, a tu edad". Me resulta curioso cómo los estilos musicales marcan el incio y el fin de una generación, como si un reloj de arena tuviera la última palabra. Mamá siempre cuenta que los bailes empezaban al atardecer y terminaban mucho antes de la medianoche, algo así como la gala de los cuentos de hadas pero sin el corsé y con una tendencia fuerte hacia la permanente de rulos.

Eso sí, la música, la estrella de la noche; la excusa para el encuentro, el impulso para el tan esperado "¿Querés bailar?". Mucho antes de que Maurice Gibb contara cómo John Lennon dedicó un hueco de su carrera para enseñarle a beber, los Bee Gees ya asumían su rol de "legendarios en la historia de la música", llevando los éxitos de Saturday Night Fever (Fiebre de sábado por la noche) a las pistas de baile de los 70. Dale play a You should be dancing, More than a woman o How deep is your love y sabrás de qué te hablo.

Pero la movida nocturna llegaba a su auge cuando sonaban los clásicos de los cuatro músicos de Liverpool. The Beatles y su exitoso atropello a la escena mundial los convirtió en "ídolos del momento"; el motivo de los suspiros de nuestras jóvenes madres que se sumaban a la beatlemanía desde los años 60. Buscarlos en disquerías o en algún que otro programa de tevé, entre las tantas cosas que recuerda la vieja sobre los fenómenos del rock.

Mientras el sonido estéreo se ponía de moda y el Help! de la banda británica ya dejaba de pertenecer al grupo de "temas que se te pegan como chicle en la suela del zapato", un modesto pero talentoso hacedor de peinados con geles se acercaba lentamente a los escenarios: Elvis Presley.

Entretanto, regulá con un control el grito de la madre que vive al lado de tu casa y se enteró de quién estamos hablando. Sí, el carilindo de los pósters de los 70, creador de los mejores himnos de rock and roll, conquistaba el corazón adolescente de nuestras progenitoras (Y es que cómo no volverse loca con sus pasos en Jailhouse rock o con su voz en Can't help falling in love).

Si hay alguien que la tiene clara sobre hacer de su rostro un producto es Luis Miguel (¡Un bótox más y no pedimos más!). Antes (pero, muuucho antes) de que sus cirugías lo dejen más parecido al Voldemort de Harry Potter que a un nuevo intento de joven cantautor mexicano, Luismi era furor en tapas de revistas, amor platónico y número uno en ránkings mundiales a la vez.

El 99,9% de las madres encuestadas para esta nota, respondieron que "El sol de México" era y es su artista preferido de todos los tiempos. La radiograbadora las deja en evidencia: La incondicional, No sé tú, Por debajo de la mesa, Suave, Cuando calienta el sol y La chica del bikini azul. El sueño de la teen de los ochenta: Que le canten al oído esas canciones. (Ah, lo último: Luismi tendrá serie en Netflix).

Es domingo de mañana y tu mamá se pone a bailar lentos con los ojos cerrados. Abran paso que es el turno de ¡Roberto Carlos! "¿Qué será de ti? Cambiaste sin saber toda mi vida…" y, a continuación, sus historias de amor de verano en los mil novecientos y tantos. El cantautor brasileño -que también cantó temas en español- es otro de los más votados en los playlists de la mamma (leáse en italiano).

En un mundo donde se elogian canciones que sólo repiten una y otra vez la misma palabra (como el "work, work, work" de Rihanna), el pop parece no tener longevidad. Sin embargo, a finales de los 80 y principios de los 90, Mecano dejó muda a la industria del género entrando al Libro Guiness de los Records por partida triple: como el grupo español con más discos vendidos en el mundo, por permanecer más de 83 semanas consecutivas en los rankings internacionales y por lograr la canción extranjera (Mujer contra mujer) que más tiempo ha estado en el Nº 1 de las listas de ventas en Francia.

Me colé en una fiesta, La fuerza del destino, Me cuesta tanto olvidarte y Hoy no me puedo levantar: un sube y baja de estilos musicales que aún los escuchamos en karaokes o ringtones de smartphones que visten carcasas con tapas (no mientan, todas las mamás tienen uno).

A la par que los vinilos juntaban polvo en los estantes de las salas y los Discman aparecían como los superhéroes de la movilidad musical, Julio Iglesias, otro de los más nominados en la selección, encabezaba la lista de galán de galanes en España y toda Latinoamérica. Algo así como lo es su hijo, Enrique, para las millenials, lo fue él en su época para las baby boomers. Suena de fondo Con la misma piedra y la nostalgia se apodera de la reina de los "abrigate que hace frío" en tres, dos, uno.

En lo que va del rock sin subtítulos, Sui Generis hizo un buen trabajo. Las locuras de Charly García y Nito Mestre hechas canciones en tres de los mejores álbumes de estudio del género acompañaban a las jóvenes de chaqueta negra y cigarrillos en mano. Si tu mamá fue adolescente rockera, preguntale: "¿Cómo superar una banda como esta?".

Cuando los videos de tu primer cumpleaños aún se guardaban en VHS y, los cassettes se heredaban cual ropa de hermana mayor, las mamás formaban largas filas para ver a artistas como Camilo Sesto, Palito Ortega, Nino Bravo, Juan Gabriel, Leonardo Favio, Raphael, Joan Manuel Serrat, Sergio Denis, Leo Dan, Il Divo, entre otros; algo así como los Ed Sheeran y Justin Bieber de la época (¡Qué tupé esa comparación!)

Voces femeninas

Las madres en redes sociales equivalen a un tutorial de "Cómo ser un buen hijo en el siglo XXI". Andá mostrándole cómo compartir videos de YouTube, que la siguiente selección de mujeres cantantes ameritan muchos likes en el perfil de la creadora universal de la frase "Porque soy tu mamá y punto".

La particular estética de Rafaela Carrá en un boom musical como Hay que venir al sur; la eterna Celia Cruz y su homenaje a la vida en La vida es un carnaval; la infaltable excentricidad de Madonna en absolutamente todas sus canciones; el exceso de romanticismo en la voz de Ana Belén y Rocío Dúrcal; la potencia inmejorable de Patricia Sosa en Aprender a volar y de Valeria Lynch en Mentira, y el tarareo incansable de las creaciones de Pimpinela. Y la lista continuará… (en algún momento muy, muy lejano).

Sin ánimos de crear versus generacionales, este es un pequeño tributo a la que, sin querer queriendo, nos educó con y a través de la música, mostrando con cada canción un pedazo importante de la vida que aún no habíamos visto. Y como lo musicaliza Bersuit Vergarabat: "Madre hay una sola".