A los 18 años de edad, Mirian Dolores de Ortiz Becchi estaba convencida de su vocación de carmelita, e ingresó al monasterio para una vida contemplativa, donde permaneció durante 15 años.

"Desde el primer momento que llegué, Chiquitunga estuvo presente, aunque cuando yo ingresé la causa aún no estaba abierta", recordó Mirian.

Por razones que hasta hoy no sabe explicar, luego de 15 años dejó el hábito y se dedicó a una vida laical, manteniendo ciertas costumbres adquiridas en el monasterio, como rezar el rosario y otras oraciones que transmitió a sus hijos de 13 y 11 años.

Si bien dejó el monasterio conservó siempre con ella el rosario que la acompañó desde su ingreso al Carmelo y en los momentos más importantes como los votos perpetuos.

Pero días pasados, Mirian decidió entregar esta reliquia, con la que ella y familia rezaban, para que forme parte de la obra del artista plástico Koki Ruiz, quien hará un retrato de grandes dimensiones para el día de la beatificación de María Felicia de Jesús Sacramentado.

DEVOCIÓN

Si lo que representa a la causa propiamente dicha no estuvo a su cargo, sí se siente partícipe de la expansión de la devoción hacia la venerable, ya que ella, junto con otras religiosas, fueron las que iniciaron las revistas de Chiquitunga.

"Nos dijeron que teníamos que hacer una revista y lo hicimos. En principio era solo María Felicia, pero nos pareció largo y además, su firma en sus escritos era muy linda, decía Chiquitunga, y entonces, nosotros nos atrevimos y pusimos Chiquitunga. Pensamos que nos cambiarían, pero no fue así, aceptaron y así quedó", dijo emocionada al recordar los tiempos en el convento.

CARMELITA ATÍPICA

Indicó que los dichos de Chiquitunga eran muy comunes en el monasterio, ya que ella fue una carmelita atípica. "Ella era alegre y decía lo que pensaba y sentía, cosa rara, porque en el monasterio reina siempre el silencio", indicó.