No tengo a mano un banco de datos preciso, de manera que me inspiro en informes que recibo, en lo que publican los diarios y se escucha en las emisoras o se ve en la televisión, que me parece que señalan, aún con desorden, el panorama que se expone.
Me inspiro en los principios del derecho tradicional, en las concepciones que recogí a lo largo de mi vida y en las enseñanzas de mis maestros. Por supuesto, me refiero a un orden tradicional, ensayado en todas partes y que tiene el valor de lo acaecido con éxito.
Dentro del orden de cosas en que me muevo, la Justicia orientada por los partidos políticos es una inconsecuencia supina, por eso ningún pacto político podrá restaurar su vigencia, aunque sí podrá cambiar malas personas y reemplazarlas por buenas, lo que significará un claro avance.
El dinero puede otorgar factores más apropiados a un tribunal pero si sirve para cambiar las leyes o su significado es un pecado capital, mortal. No se puede comprar sino injusticia.
Si la injusticia aparece y es publicada, no atender el caso y revertirlo es peor que cualquier otra omisión. No habrá Justicia si no se resuelven los orígenes de las cosas y se da a cada quien lo suyo.
Los derechos son individuales y no colectivos, y si se pretende cambiar la naturaleza de las cosas habrá que cambiar el derecho, para establecer una ciencia nueva, que procure impedir el reinado de la injusticia. Lo que es de todos no es de nadie, y se valen de ello los que tienen protagonismo para disponer.
La Justicia depende de la ley previa, esto es de las leyes que estén escritas y publicadas antes de cualquier hecho. Si no hay leyes previas no hay faltas ni delitos. Si se pretende sancionar a la gente mediante posiciones no basadas en las leyes previas, se entra en el discriminatorio mundo voluntarista, que es lo contrario del mundo justo.
Estos son mis conceptos y con estos analizo los hechos que sorprenden la mayoría de las veces porque violan cada uno de estos principios. Tal vez no sea un jurista de primer nivel, pero tengo sentido de la Justicia.
Y encuentro que en el país no hay Justicia y un país sin Justicia es un barco sin quilla, que navega de acuerdo con el viento y las corrientes. Puede tener timón, pero no le sirve para dirigir su dirección. Es un barco que podrá cruzar el mar pero se estrellará en alguna playa, que le aparezca por el camino.
Creo que la lucha por la Justicia equivale a la lucha eterna del ser humano por la libertad, porque ambas cosas se complementan perfectamente. No hay libertad sin Justicia ni Justicia sin Libertad.
ODD.
Publicado el 14.12.09 03:59:00 PM
Publicado el 14.12.09 03:53:00 PM
Publicado el 14.12.09 12:01:00 PM