Al final fue pura fiesta, con el contagiante frenesí de los merengues y la seducción de las bachatas, pero también la desorganización marcó al retorno de Juan Luis Guerra, incluso desde antes que arribara al país.
La incertidumbre sobre la realización del evento que se dio porque a pocos días del mismo aún no se tramitaba el permiso municipal, anticipaba más desorden.
Sucedió en el excesivo retraso para iniciar el concierto; se anunciaba al grupo telonero a las 19:30 horas, y el CFA Music subió recién a las 21:00, mientras el público aún formaba filas en los accesos, expresando su impaciencia con aplausos de fastidio, adentro también se reclamaba “hora”.
Tras los 15 minutos de actuación del sexteto, incluida una oración del pastor Emilio Abreu a favor de la reconciliación social y la paz, pasó otra media hora hasta que los 18 músicos de Guerra se ubicaron en sus posiciones.
Capítulo aparte, la falta de previsión y prepotencia contra los reporteros gráficos, restringidos a un incómodo “corralito” a mitad de la cancha, y desalojados con brusquedad por un improvisado personal de seguridad.
Y no acudió la cantidad de público que se aguardaba: hubo menos de la cuarta parte de los 40 mil necesarios para llenar el estadio Defensores del Chaco. Posiblemente, el Nuevo Templo del CFA hubiera sido un escenario más compacto y adecuado.
Pero todo lo narrado hasta esta línea se disolvió automáticamente para los concurrentes cuando se apagaron las luces y un video graficaba la llegada en avión de Guerra y el arranque con “La travesía” desató un ritmo irresistible, que rápidamente subió desde los pies y se acentuó con “Vale la pena”, “A pedir su mano” y “Ojalá que llueva café”.
El artista dominicano repasó todos sus clásicos, apoyado por esa súper banda llamada 440, que cerca del final tuvo unos veinte minutos de lucimiento total, dando rienda suelta a una tonelada de efusiva y precisa percusión; incluso alcanzó para una parodia coreográfica del “Thriller” de Michael Jackson.
La travesía llevó a escalas emocionantes como “Burbujas de amor”, “Estrellitas y duendes”, “El Niágara en bicicleta” y “La bilirrubina”. Hubo varias baladas, especialmente de su último disco “La llave de mi corazón” (2007), que Guerra dedica a su compañera de hace 25 años, por citar “Cancioncita de amor” y “Como yo” (en la despedida).
Tras el paréntesis de 440, el cantante trajo más de esas preocupaciones sociales traducidas en las poéticas metáforas de “El costo de la vida” y “Visa para un sueño”, para el combo del bis eligió “Bachata rosa” y “Si tú no bailas conmigo”. Hoy, varios zapatos van a necesitar nuevas suelas.