Por Jorge Zárate
Como en las películas, una conversación a través del chat puede llevar al usuario a vivir un infierno. Una página web en la que jugás casino virtual puede dejar en cero tu cuenta bancaria, o el inocente juego de un par de niñas bailando frente a la web cam en ropas menores puede terminar en sitios internacionales de pedófilos. Todo esto está pasando en el país sin que las autoridades le presten la debida atención.
Eduardo es de Canindeyú, tiene 20 años y ahora está en Bucaramanga, Colombia, tragando uvas sin masticar con un miedo atroz. Los tipos que le piden que meta una detrás de la otra están armados y tienen cara de pocos amigos. Ahora le cortan salchichas por la mitad y le piden que se las trague porque es parte del entrenamiento para tragarse cápsulas de cocaína que tiene que llevar a España en su estómago. Parece que nada lo salvará de su destino de mula. Todo empezó en un chat con su amigo Rafael, vecino del valle que ahora está en Madrid como tantos otros miles de compatriotas.
“Extraño, me quiero ir hacia allá”, tipeó en el cyber con el abrazo de sus padres en la imaginación. “Nde, escribile a estos colombianos, te van a dar trabajo”, apareció la frase mágica en la pantalla.
En días estaba viajando a Bogotá, después otros 800 kilómetros en bus hasta Bucaramanga. “No quiero hacerlo, no puedo hacerlo”, les rogó a los narcos. Por suerte Rafael llegó junto a él y le salvó la vida al reemplazar a Eduardo en el “trabajo”, 6 mil euros por llevar la coca a buen puerto, con ingreso seguro porque la policía está arreglada y sabe quién sos.
Para Eduardo la cosa no terminó allí. “Tenés que devolver el dinero que invertimos en tu venida”, le advirtieron después. Entonces le escribió a sus padres pidiendo la plata. Los padres hicieron el giro pero avisaron a la policía española y ésta a la colombiana que lo rescató de una casa de cambios mientras iba en busca del giro. Lo albergaron, le consiguieron los pasajes de vuelta, hoy Eduardo está en Paraguay, amenazado por los narcos, protegido por las autoridades. Pudo contar la historia, esta semana, de espaldas en la televisión. En este momento hay una cantidad indeterminada de jóvenes de todo el país recibiendo ofertas similares. “Pueden ser cientos, miles son las víctimas”, admite la fiscala Teresa Martínez que lleva adelante el caso.
“No los podemos rastrear porque los proveedores de internet no guardan la información por al menos 6 meses”, explicó para señalar que hacen falta normas que regulen esta situación y que “obliguen a las empresas a invertir un poco y salvar esta situación”. Martínez comentó que “en Estados Unidos nos ayudan, sobre todo en lo que hace a pornografía infantil donde la ley les permite, en los otros casos tienen legislaciones protectivas de los datos personales lo que hace más difícil la cuestión”.
En un casino virtual
En el departamento de Delitos Económicos de la Policía el oficial Diosnel Alarcón cuenta el caso de un señor que denunció haber sido estafado en un casino virtual. “Comenzó jugando unos 100 dólares, ganó y cobró normalmente, entonces fue aumentando las apuestas hasta que un día ya no cobró”, comentó. “Investigamos un poco, no hay muchas posibilidades de rastrear a los estafadores”, indicó. A su lado el subcomisario Walter Cardozo comenta que “estamos trabajando para armar una red de información con bancos y financieras, hacen falta inversiones y equipos”, admite, explicando que “el delito es el mismo, el tema es que hoy se usan están plataformas y tenemos que modernizarnos”, concluyó. Como titular del área especializada en Trata de Personas, la fiscala Teresa Martínez, recuerda que es materia de investigación “todo lo que hace a la trata de mujeres para explotación sexual”.
Recuerda que “hemos encontrado algunos casos de captación a través de la red en los departamentos de Alto Paraná y Canindeyú, pero fue difícil rastrearlos por las limitaciones que tenemos”, apuntó.