Que la llanura está haciendo estragos en el Partido Colorado, es una realidad que se palpa día a día. Si bien las diferencias entre los distintos sectores, entre los considerados líderes natos del partido, siempre estuvieron, no es ninguna novedad que en este momento, en que la ANR está probando el amargo sabor de ser oposición, deja aún más al descubierto que nunca hubo amor entre los correligionarios.
Quienes ayer defendían a tal o cual líder, hoy son los que están ubicados en primera fila para criticar a los mismos, sin ponerse colorados. Esta situación está muy bien ejemplificada en el Movimiento Progresista Colorado, vulgarmente conocido como el nicanorismo, donde el líder del sector, Nicanor Duarte Frutos, día a día ve como se va quedando solo, a raíz de que sus principales apoyos le dan vuelta la cara, o lo que es peor, lanzan duras críticas de manera a dejarlo mal parado ante sus correligionarios.
Hoy vemos como Juan Carlos Galaverna, Óscar González Daher y Martín Chiola, otroras fieles hasta “la mata” del ex presidente de la República, apuntan todos sus cañones contra el mismo, no dejando pasar la más mínima oportunidad para enfrentarlo en cuantas oportunidades se les presentan.
Mientras en el nicanorismo se suceden estas escenas, si se quiere hasta de traición, la presidenta interina de la Junta de Gobierno de la ANR, senadora Lilian Samaniego, hace… ¿silenciosamente?… su trabajo en busca de sacar rédito político de la desgracia de quien en su momento fue uno de sus mentores: Duarte Frutos.
El castiglionismo por su parte, con su líder, Luis Alberto Castiglioni, que trata en lo posible de mantener distancia de cuantos colorados nicanoristas u otros istas se le crucen por el camino, hace su propio camino en medio de la llanura, buscando de esa forma también sacar algún partido que lo lleve a liderar, primero el partido y después tratar de recuperar la presidencia de la República.
Como ejemplo se puede mencionar que si bien la historia de los colorados siempre mostró que ante una interna partidaria, la rivalidad entre todos los sectores llegaba a una agresividad casi sin límites, esta rivalidad, una vez estando en el poder desaparecía, y salía relucir el dicho de que “para un colorado no hay nadie mejor que otro colorado”.
Pero, tras más de 60 años en el poder de la República, el panorama cambió, y el amor en los tiempos de crisis dio un paso al costado y la realidad muestra una situación distinta, donde la luz no parece asomar en el fondo del camino.
Lo cierto es que la llanura está demostrando que el respeto que el líder, cualquier líder colorado, sentía por el correligionario no era tal como se veía, sino que por el contrario, el correligionario era usado en forma descarada para mantener un poder.
Hace poco más de un año que el Partido Colorado está actuando de opositor. Pero no está haciendo una oposición en el simple sentido de la expresión, es decir hacia el gobierno del presidente Fernando Lugo, sino que la oposición apunta más al desprestigio de otro colorado y viceversa, presagiando un futuro no tan claro para la historia del centenario partido.
Publicado el 12.07.09 10:43:00 AM
Publicado el 12.07.09 10:42:00 AM