El INDI fue creado en 1981 para resolver los problemas indígenas, desde la perspectiva del Gobierno. Puro asistencialismo. Por supuesto, no pudo resolver nada. La ONG Tierra Viva utilizó el dinero logrado de afuera, que le permite actuar sin control de ninguna clase. Y no logró nada. Buscó arrebatar tierras privadas con el falso pretexto de la ancestralidad, y ocasionó mayores problemas a sus supuestos beneficiarios. El INDI provocó las iras de los indígenas porque incluso no se cumplió con la promesa de entregarles la dirección de esa entidad. Y ahora Fernando Lugo resuelve buscar la solución, reiterando el error que ahora se llamará Pronapi.
Otra vez la “asistencia integral, apoyo a la autogestión y soporte en salubridad”, los mismos objetivos del INDI, que no se pudieron alcanzar, ni de lejos. Mientras tanto, los indígenas deambulan por las plazas de Asunción, destruyéndolas y causando creciente rechazo en la población.
¿Qué se puede hacer pues por los indígenas?
Pues insistir en que son paraguayos y más que nada paraguayos, con los mismos derechos y obligaciones que los paraguayos. Hacer discriminaciones conduce inevitablemente al fracaso.
Fernando Lugo, aconsejado por su secretario general López Perito, vuelve a cometer los errores de administraciones anteriores. El funcionario quiere discriminar para crear prosélitos, no ciudadanos.
Paraguay vivió con sus nativos durante ciento sesenta años, sin que situaciones mucho peores que las que ahora existen hubieran conducido a sus líderes a plantear como forma de resistencia la destrucción de la propiedad pública y el menoscabo de derechos de terceros. Llegaron los indigenistas, las ONGs y el flujo de dinero externo sin control, para que los indígenas reivindicaran la violencia como forma de protesta.
Los jesuitas, otra vez como en el pasado, encabezaron la legión de –ahora denominados antropólogos– explotadores de la lastimosa situación de los indígenas. En Estados Unidos, los programas descartaron el asistencialismo y hoy los indígenas estadounidenses son colectiva e individualmente poderosos, educados y ricos. Tienen escuelas, universidades, institutos tecnológicos, bufetes de abogados, asociaciones médicas y la ciudadanía estadounidense, antes que la sioux, pies negros, apaches o comanches.
Dos criterios diferentes; uno fracasado, el paraguayo y otro exitoso, el de Estados Unidos. Lamentablemente aquí no se aprende ni se inspira en el éxito, sino todo lo contrario.
Claro es que detrás de todo esto está evidente el deseo de Miguel A. López Perito, que quiere manejar dinero estatal sin control para crear clientes políticos y de ONGs que quieren seguir obteniendo recursos de los contribuyentes europeos, utilizando a los indígenas.
Cuando fracase el Pronapi, como fracasó el INDI, inventarán otra cosa.