• Por Roberto Izurieta

La suspensión de la decisión ejecutiva del presidente Donald Trump sobre la prohibición de entrar a los Estados Unidos a ciudadanos de 6 países de mayoría musulmana por parte de las Cortes demuestra que las palabras, los hechos y los números (cifras) cuentan: al menos en las Cortes de Justicia.

Esto es un golpe muy fuerte no solo a Donald Trump sino, sobre todo, al corazón de todo líder populista (y por lo tanto demagógico). Todo líder populista se basa en la idea de que no importa qué dices, no importan las contradicciones, no importan los hechos ("hechos alternativos", como bien los ha llamado…) y no importan las cifras ("tuve la mayor concentración de un acto de posesión", "la cifra de desempleo es falsa, hay hasta 40% de desempleados).

Pero el juez Derrick K. Watson, en su resolución, usa las "palabras" de discursos de Donald Trump (no su segunda orden ejecutiva) donde señala a los musulmanes como una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos y argumenta que no hay evidencias (cifras) que puedan sostener dicha resolución y que, por lo tanto, esta segunda orden ejecutiva (al igual que la anterior) discrimina a los musulmanes (por razones religiosas) y afecta la división de la Iglesia y el Estado. El resultado final es que el "balance de los poderes del Estado" limita el poder de Donald Trump y la Casa Blanca. Esto es lo que yo llamo la democracia en acción.

Lo real es que para la base electoral del populismo, los hechos, los datos (cifras), coherencia (o contradicciones) no importan mucho. Es más, muchos de ellos creen en las "teorías de la conspiración", algunos más extremos creen en la influencia extraterrestre y otros más moderados en que no se debe vacunar a los niños. Pero la realidad es que una cosa es ganar con tu base electoral y otra es gobernar con tu base electoral. La base electoral del populismo es generalmente una base con bajo nivel de información (por eso las contradicciones no importan tanto), y con bajo nivel educativo. Pero la base que se necesita para gobernar es más bien urbana, de alto nivel de educación (formación o información) y más integrada al sistema político, social e informativo. En otras palabras, la base que se necesita para gobernar está compuesta por los que más influyen en la sociedad ("The Influentials", libro escrito por Edward Keller y Jonathan Berry).

Por supuesto, la pregunta puede ser: ¿es suficiente la base electoral para seguir ganando elecciones pero sin tener resultados efectivos en el gobierno? Yo pienso que no. Pero, además, en el caso de Donald Trump, si bien la próxima elección de medio período (la del Congreso) es una elección donde participa menos gente (gran parte de los que participan son las bases de ambos partidos), puede ser una señal de que Donald Trump podría ganar la próxima elección legislativa con esa base que está cultivando ahora con su retórica desde la Casa Blanca. Puede ser. Sin embargo, el otro problema es que para una elección de medio período también necesita las estructuras políticas para ganar; y en tal sentido, hay que recordar que como casi todo líder populista (demagogo) y nacionalista, es también un "outsider"; o sea, es de una manera u otra un "anti-partido", no cuenta con una base partidista.

El caso de la historia del gobernador anti-partido y populista de Minnesota, Jessy Ventura, demuestra que, en los Estados Unidos, al final del día, son los dos partidos políticos los que le impiden al líder populista anti-partido tener éxito (pues estos son una amenaza a su propia existencia. Así fue como Ventura no pudo ser reelegido y desapareció de la vida política (como Sarah Palin y otros).

Por lo tanto, las estructuras políticas en los Estados Unidos tienen todavía mucha fuerza; por eso Donald Trump no compitió en esta elección desde fuera de los partidos, sino que tuvo que entrar a la elección interna del Partido Republicano para tener la viabilidad necesaria para acceder a la Casa Blanca. Ahora en el gobierno, Donald Trump necesita al Congreso y al Partido Republicano para pasar su propuesta de reforma de salud. Eso parece muy difícil y si no pasa al menos eso, le quitará la posibilidad de ofrecer resultados básicos a su base electoral.

La ventaja de los populismos de América Latina sobre el de Donald Trump es en primer lugar, que en América Latina los líderes populistas acumulan (copan) fácilmente todos los poderes del Estado (poder judicial y legislativo) y en algunos casos (a través de expropiaciones) también los medios de comunicación y cuando no los copan, los suplen con un bombardeo publicitario pagado por el Gobierno. Segundo, los líderes populistas de América Latina tienen una base electoral más bien pobre, a la cual fácilmente se le ofrece subsidios y compensaciones directas (bonos, cupos, etc.). De esta manera, pueden mantener, y hasta acrecentar su base electoral en el gobierno. No veo que este sea el caso de Donald Trump; él no tiene todo el poder del Estado, por eso el sistema de justicia tumba sus decretos ejecutivos y no tiene el poder absoluto, a pesar de que el Partido Republicano, que no es necesariamente el suyo, tiene mayoría en ambas cámaras, para poder pasar cualquier reforma de salud (tumbando y reemplazando Obamacare.

Por último, aun su propuesta de construir un "muro" en la frontera con México (y eso sin poder cobrarle a México), no podrá construir sino máximo un 10% cada año de lo que necesitaría. En conclusión, ¿podrá Donald Trump sobrevivir solo de sus palabras (retórica)? No lo creo. La retórica suple mucho en las campañas pero poco en el gobierno. En el gobierno se necesitan resultados.

(*) Es consultor político y director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Es también es analista de temas políticos en CNN en Español.