Pristina, Kosovo | AFP, por Ismet HAJDARI

Kosovo celebra los 10 años de su proclamación de independencia, una soberanía aún en construcción, rechazada obstinadamente por su minoría serbia y por Belgrado.

Pristina, capital de este estado de 1,8 millones de habitantes, no pierde la oportunidad para reafirmar su soberanía. Kosovo no es una gran potencia en deportes de invierno pero alabó, por ejemplo, a su esquiador Albin Tahiri, único atleta de la delegación que desfiló en Pyeongchang el 9 de febrero y primer deportista del país en participar en estos Juegos Olímpicos.

Unos 115 países reconocen la independencia de Kosovo, entre ellos 23 de los 28 miembros de la Unión Europea, así como Estados Unidos, firme defensor de Pristina, cuyas calles están adornadas con los colores amarillo y azul de su bandera.

Pero donde vive la minoría serbia no hay nada que celebrar, guardan lealtad a Belgrado, aunque ahora cuentan con diputados en el Parlamento y ministros en el gobierno kosovar.

Con el apoyo de Rusia en la ONU, el gobierno de Belgrado lleva a cabo una guerra diplomática, para que Naciones Unidas y varias instituciones internacionales, como la UNESCO o Interpol cierren las puertas a su antigua provincia albanesa.

- No a la autonomía serbia -

Este rechazo categórico limita el ejercicio de la soberanía de Kosovo en la totalidad de algunas áreas de Kosovo.

Es el caso en el norte de Kosovo, particularmente en Mitrovica, una ciudad que sigue dividida casi dos décadas después de la guerra entre las fuerzas serbias y los rebeldes independentistas albano-kosovares del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). El conflicto entre 1998 y 1999 dejó a más de 13.000 personas muertas, incluida una gran mayoría de albaneses de Kosovo.

Un acuerdo para normalizar las relaciones contempla un estatuto para las municipalidades donde vive la minoría serbia. Pero no se ha trazado ningún plan en ese sentido, pues Pristina rechaza firmemente cualquier proyecto de autonomía.

Unos 120.000 serbios forman parte de la población de 1,8 millones de habitantes de Kosovo, una cifra estimada porque esta comunidad se negó a participar en el último censo de 2011.

“La integridad territorial de Kosovo es intangible, indivisible e internacionalmente reconocida”, advirtió el presidente Hashim Thaçi esta semana.

En una entrevista reciente con la AFP, el hombre fuerte del país, ex líder político de la guerrilla separatista, sin embargo, deseó que en 2018 se concluya un “acuerdo histórico”, es “el único camino posible para que Kosovo y Serbia sigan adelante”, dijo.

De lograrse, “la comunidad internacional tendrá que aceptar” este acuerdo, agregó.

Las relaciones entre Pristina y los países occidentales se han tensado desde hace un año. Su voluntad de dotar de manera unilateral a Kosovo de un ejército fue recibida con distancia en Europa.

Las fuerzas de la OTAN están encargadas todavía de la seguridad en Kosovo.

- Fracaso económico -

Los aliados occidentales de Kosovo insisten en que es necesario avanzar en algunos puntos. Según un informe de 2016 de la Union Europea sobre Kosovo, la corrupción “prevalece en varios sectores y continúa siendo un problema grave”.

Con la resolución de una disputa fronteriza con Montenegro, la Unión Europea exhorta a que se establezca un estado derecho que cumpla con sus criterios como para liberar los visados.

Para los kosovares es una prioridad, pues cerca de un tercio de la población (700.000, según estimaciones) viven en el extranjero y aportan remesas cruciales para este país que es uno de los más pobres de Europa.