Río de Janeiro, Brasil | AFP | por Sebastian Smith.

Decir que nadie sabe quién ganará las elecciones presidenciales de Brasil en 2018 es quedarse corto. A un año de los comicios, ni siquiera se sabe todavía quiénes serán los candidatos o, incluso, si el favorito estará o no en prisión.

La carrera es la más abierta en muchos años en el gigante sudamericano, que sigue tambaleándose bajo los efectos de un cóctel letal de escándalos de corrupción, crisis económica y fuerte polarización política.

El presidente Michel Temer siempre dijo que no buscará la reelección y, siendo el líder más impopular desde que se realizan estas encuestas en el país, no debería tener gran influencia sobre su sucesor.

Según los múltiples sondeos, el mejor situado, con margen amplio, es el expresidente de izquierda Luiz Inacio Lula da Silva.

Muy querido durante sus dos gobiernos entre 2003-2010, el exmandatario ha visto cómo muchas de sus políticas retrocedían con las reformas conservadoras iniciadas por Temer y, lo que es peor, ha sido condenado por corrupción.

A día de hoy, Lula recurre en libertad la pena de casi diez años que le impuso el juez Sergio Moro por recibir un apartamento a cambio de beneficiar ilegalmente a una constructora con obras en la petrolera estatal Petrobras. Si pierde, debería entrar en prisión o, como mínimo, quedar fuera de la carrera.

Si gana, todavía tiene otros seis procesos abiertos.

Pese a todo, la última encuesta de Datafolha mostraba a Lula liderando la mayoría de los escenarios para la primera vuelta de las elecciones previstas para el 7 de octubre de 2018, con un porcentaje de entre 35% y 36%. También vencería en cualquiera de los probables balotajes, tres semanas después.

En segunda posición, una sorpresa: el ultraderechista Jair Bolsonaro.

Considerado durante mucho tiempo como una figura marginal por su admiración por la dictadura brasileña y sus comentarios sexistas, homófobos y racistas, Bolsonaro continúa su escalada y, según Datafolha, lograría entre el 16% y el 18% de los votos en primera vuelta.

Justo detrás aparece la exministra de Medio Ambiente Marina Silva, una de las grandes beneficiadas si Lula no pudiera presentarse.

 ¿La hora de los “outsiders”?

Pero, de momento, la única certeza que ven los analistas es el humor crispado de los votantes.

El principal candidato centrista es el gobernador de Sao Paulo Geraldo Alckmin, del socialdemócrata PSDB, uno de los mayores partidos de Brasil.

Alckmin debería estar en una posición fuerte, pero se encuentra rezagado en las encuestas. Viejo conocido de los electores -fue el rival derrotado por Lula en 2006-, representa para muchos el sistema tradicional.

Mientras, el ascenso de Bolsonaro revela la sed por un Donald Trump a la brasileña que se presenta como el único capaz de limpiar la corrupción revelada por la gigantesca operación Lava Jato y de encauzar la economía.

"Bolsonaro está aprovechando un profundo descontento del electorado que es poco probable que desparezca aunque la economía se recupere el próximo año", afirman los analistas de Eurasia Group.

Otro "outisder", pero mucho menos radical, sería Joao Doria, quien adquirió relevancia al conquistar el año pasado la alcaldía de Sao Paulo con sorprendente comodidad.

Como Bolsonaro, Doria también presenta similitudes con Trump: tiene el perfil del empresario millonario de éxito sin pasado político y el gusto por las cámaras, profundizado con su experiencia como presentador de la versión brasileña del reality "El aprendiz".

El problema de Doria es que también forma parte del PSDB y, por ahora, el candidato del partido parece ser Alckmin. Pero podría cambiar de formación, dando un nuevo giro.

Sin respuesta

Para los analistas, de todas maneras, la mayor incógnita es Lula.

"Todo el mundo está asustado por su candidatura", valoró Michael Mohallem, profesor de Derecho en la Fundación Getulio Vargas de Rio.

Una inhabilitación de Lula abriría la puerta a una figura mucho menos decisiva de la izquierda como Ciro Gomes, antiguo ministro de su gobierno y popular exgobernador del estado de Ceará (nordeste). Estratégicamente, es uno de los pocos candidatos potenciales que sigue sin mancha en los escándalos de la "Lava Jato".

"Era un político convencional pero no ocupó ningún cargo durante 10 años, por lo que [la 'Lava Jato'] no le alcanzó. Automáticamente, como político conocido que no ha sido acusado, eso ya es un punto fuerte", añadió Mohallem.

La lista, sin embargo, puede ser realmente impredecible si la Corte Suprema autoriza las candidaturas independientes, acabando con la exigencia de estar afiliado a un partido.

Eso podría traer "outsiders" de gran popularidad o hacer realizables los deseos de muchos brasileños que, decepcionados con la política, querrían ver al famoso juez Moro disputando la elección o, incluso, al técnico de la Seleçao de fútbol Tite.

"Tenemos muchas preguntas", resumió Sylvio Costa, editor de la página especializada Congresso em Foco. "Pero no tenemos respuestas", zanjó.