• Toni Roberto
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Hoy Toni Roberto nos trae un maravilloso recuerdo de patos, a partir del pago de un viaje de Uber con un ejemplar de este animal plumífero, lo que inspiró este relato dominguero de Cuadernos de Barrio.

Era a mediados de los años 70 en la que fuera la antigua quinta de siete hectáreas de los Peña-Espínola en Zavala Cue, un predio lleno de cedros, un suave olor a campo, a metros del límite entre Asunción y Fernando de la Mora. En el medio, la vieja casa, enfrente un tajamar donde estaban los patos de tía Amada, como si fuera un enjambre de recuerdos de “otros tiempos semiurbanos” que me vienen a la mente ante el particular viaje de una usuaria de Uber. El viaje termina y le dice al chofer: “joven, espere vuelvo enseguida”. Después de un rato regresa y le responde: “¿Le puedo pagar con un pato?”.

EL PATO DEL UBER

Esas fueron las palabras mágicas que me inspiraron este domingo. Imagino el momento cuando el hombre le responde a ella, era como un pacto entre la tecnología y el pasado, ese momento donde él cuenta, palabras más, palabras menos: “Era el Día de la Madre, llevé el pato a mi casa de regalo, se convirtió en nuestra mascota”. ¿Qué más uno le puede pedir a la vida al escuchar tan emocionante relato?

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Walter Martínez. Patos. As. c. 2024. Propiedad Verónica Torres

EL PATO DE PÍO

Inmediatamente, me recordó a lo que me contaba Kitty Encina Marín de Walder, cuando describía a su manera, “pucho en mano”, que un conspicuo médico de la época decía: “Cuando uno ve una gallina o un pato en los pasillos del Migone, es algún paciente de Pío Walder que le llevaba como pago”

Esa escena del relato en vivo del Uber me rememora con nostalgia a la desaparecida cineasta Renate Costa cuando en la película “Cuchillo de palo” le filmaba a Peri, su padre, en la vida cotidiana. En este otro caso el chofer que contaba en un vivo la historia de esta escena con la dama, que pareciera salida de una película surrealista en pleno transcurrir de la tercera década del siglo XXI.

LOS PATOS EN EL ARTE PARAGUAYO

Como broche de esta historia era para mí necesario recordarles a pintores populares del Paraguay como Andrés Cañete, Jacinto Rivero, Jenaro Morales, Margarita Sánchez o al propio Benjazmín “Ñambeña” Ocampos en una de sus pinturas del exuberante mundo de la fauna y flora chaqueña, de dónde me vienen a mi memoria, desde “El canto de mi selva” de don Herminio Giménez hasta los patos de Humberto de Ñu Guasu. Además, me puse a la explicita búsqueda de patos en el arte paraguayo, encontrando, un estudio de patos de la eximia Edith Jiménez, realizado en alguna clase de los años 40, tal vez en el Ateneo con Jaime Bestard, y dos pinturas, una de Walter Martínez y otra de Juan de Dios Valdez.

¿Son o no tan nuestros todos estos recuerdos de patos? Dejo a la creatividad de ustedes, a partir de aquel momento inolvidable del pago del Uber, el pato de Pío en el viejo Migone y los del tajamar de tía Amada, en aquel poético paraje de los años 70, a metros del límite entre la “Ciudad joven y feliz” y la “Madre de ciudades”.

Edith Jiménez. Estudio de patos. Asunción c. 1940. Colección privada

Etiquetas: #patos#Uber

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