Tiene 37 años, jugó durante 14 años en un solo club, formando parte así de esa raza rara (casi en extinción en América y con cierta popularidad en Europa) de futbolistas que se mantienen ligado a un mismo equipo durante mucho tiempo. Como él mismo lo dijo, dejó su huella en el fútbol mexicano y lo despidieron del Pumas de la UNAM como un ídolo, tras sentir ese afecto durante mucho tiempo llegó ayer a Olimpia para cambiar de aire y con un objetivo bien claro: seguir haciendo historia.

"Decidí venir porque es un reto y un desafío muy importante para mi carrera. Quería venir a un equipo grande, sé perfectamente lo que significa Olimpia y conozco su historia. Y vine para eso, para seguir haciendo historia", expresó el central en conferencia de prensa antes del entrenamiento de ayer por la tarde en la Villa.

Titular y capitán en el Pumas, Verón no tendría muchos problemas para ganarse el puesto en el once base de Éver Hugo Almeida para el segundo semestre, pero es consciente que conlleva trabajo. "Ya empezamos con la parte física. Casi no hay tiempo para que empiece la Sudamericana y tenemos que estar a disposición del técnico para cumplir los objetivos", declaró.

Verón jugó casi todos los partidos de su ex equipo en la temporada pasada, donde en el Apertura quedó fuera en cuartos de final y en el Clausura no pasó de la primera fase. En Pumas alcanzó la final de la Sudamericana 2005, pero la perdió ante Boca Juniors y es una de las espinitas que intentará sacarse este año vistiendo la camiseta de Olimpia.

UN GUÍA

Pero hay otro objetivo que se propuso Verón y es uno muy importante. "Quiero aconsejar a los chicos que están en el club, tengo que ser un guía, un ejemplo para ellos, para que no solo puedan ser buenos jugadores, sino para que puedan crecer como personas".