POR ÓSCAR GÓMEZ

Si hacemos el análisis general del partido, Guaraní merecía más que la amarga igualdad que se llevó anoche en una mojada jornada de Copa. Pero no es una frase nueva ni un descubrimiento decir que el fútbol está lejos de ser un deporte de merecimientos.

En la primera pelota elevada que metieron a espalda de la línea defensiva del Aborigen, llegó el empate, por intermedio de Pedro Rocha, que era injusto para el trámite que tenía el juego en ese tramo.

Cada uno tuvo su momento en el primer tiempo. Arrancó mejor el cuadro de Porto Alegre, manejando bien la pelota en mitad de cancha y buscando lastimar sobre el costado derecho de su ataque (el izquierdo de Guaraní), donde a la hora del repliegue, Hernán Novick solo hacía sombra y Fernandinho desequilibraba y generaba miedo las veces que tomaba la pelota con espacios para encarar.

En la respuesta, el Indio estuvo incisivo con Camacho y Novick, por el costado izquierdo. Al primero le hicieron un penal antes de los 20 minutos de partido, que Wilmar Roldán dejó pasar. Otra vez, el arbitraje del colombiano deja mucho que desear con un equipo paraguayo en cancha. Después, al mismo jugador le anularon un gol por supuesta posición adelantada que nunca existió, perjudicando en gran manera a Guaraní.

Lo que no pudieron hacer ni Camacho, ni García ni Novick, lo hizo (cuándo no) Hernán Rodrigo López, que a los dos minutos de ingresar al campo de juego puso arriba al Indio, cuando era mejor que el Gremio y además tenía superioridad numérica. Pero luego, llegó la desatención defensiva que costó el gol. El equipo de Garnero no se pudo recuperar de ese golpe y dejó escapar dos puntos que hoy lo hubiesen puesto tranquilo en la cima del grupo y con más de medio pie en los octavos de final. Aún así, sigue liderando en compañía de los brasileños y con muchas chances de pasar.