Días atrás, Bob Nelson, líder en motivación de equipos y un gran amigo, me hizo llegar un libro de su autoría al que tituló “Ubuntu”. Me conecté inmediatamente con el título y con la historia que relataba, porque está relacionada a un pueblo con el que tengo lazos familiares. Uno de los idiomas oficiales de Sudáfrica, país en el que creció mi esposo, es el zulú, y la palabra Ubuntu está ligada a un concepto de la filosofía ancestral africana que significa “somos una familia”. Una traducción aún más exacta sería: “una persona es una persona a través de los demás”.

Siguiendo la regla del Ubuntu, un principio que marcó el renacimiento de Sudáfrica bajo el liderazgo del gran Nelson Mandela, si tengo un trozo de pan y lo comparto, voy a salir beneficiado de esa acción. Esto se sustenta en el hecho de que para que lleguemos a este mundo hicieron falta dos personas. Es decir, que en un sentido casi literal, estamos destinados a la complementariedad. De alguna u otra manera, todos aprendimos a ser personas a través de otras personas. Somos parte de una red muy delicada y profunda.

Las reglas del Ubuntu también nos pueden llevar a entender el verdadero significado del trabajo en equipo, por el concepto que encierra con relación al valor de las personas. Muchas veces escucho decir a empresarios y ejecutivos que su empresa es su familia. Esto implica que todas las personas del equipo, sin excepción, son importantes y debe suponer que, como líderes, nos tomamos el tiempo suficiente para conocer a todos aquellos que están a nuestro alrededor. Conocerlos con sus fortalezas y debilidades, conocer aquello que es relevante para cada uno, sus objetivos o anhelos, y colaborar de manera intencional para crecer juntos.

En zulú, las personas se saludan de la siguiente manera: “Sawubona” que significa “te estoy viendo”, y la respuesta por lo general es “sikhona”, que significa “estoy aquí”. Este saludo genera un momento mágico, en donde dos seres humanos son capaces de reconocerse uno al otro.

Muchas empresas hoy apuntan a lograr una mayor colaboración entre los miembros de su equipo. Pero este objetivo solo se puede alcanzar cuando todos los eslabones de esa cadena se sienten fuertes, respaldados, apreciados y comprometidos. Eso es lo que suma esfuerzos para lograr el éxito. Si deseas aplicar Ubuntu en el trabajo, tienes que empezar a enriquecer tu actitud y las creencias que tienes acerca de las personas. Ubuntu debe empezar contigo mismo. Todo el valor que debes reconocer en los demás primero debes verlo en tu persona. Lo mismo ocurre con la conexión: si deseas conectarte con las personas e influenciar positivamente en sus vidas, primero debes ser capaz de conocerte y auto liderarte. Es muy difícil dar lo que no tienes y más difícil es recibir cuando no estás preparado para hacerlo. Llevar a la práctica esta filosofía es un desafío gratificante que te lleva a vivir honrando la vida y el trabajo de aquellos a quienes eliges para que sean parte de tu equipo y de tu vida cotidiana.

La filosofía del Ubuntu y los valores que representa pueden guiarnos para tener:

  • Una empresa donde cada persona es tratada con respeto y dignidad.
  • Un ambiente de diversión y trabajo duro donde los miembros del equipo sean capaces de colaborar unos con otros.
  • Un hogar lejos de nuestro hogar donde todos seamos iguales y donde el ego sea reemplazado por la gratitud y la humildad.
  • Una comunidad donde el empleado salga al finalizar el día para regresar a la casa con la energía renovada y vitalizada, con la satisfacción y el orgullo de haber dado lo mejor de sí como persona y profesional.

La puerta de Ubuntu es la gratitud y siempre debe estar abierta, el camino de Ubuntu está marcado por nuestra humildad, el espíritu del Ubuntu se encuentra en la comunidad cuando encuentras unidad y propósito con otros.

Ojalá todos podamos abrazar esta maravillosa filosofía para escucharnos, reconocernos y entendernos más unos con otros, y así comprender el rol importante que cada uno juega en el equipo. Juzgar, criticar y utilizar un liderazgo autoritario nos desvía del verdadero propósito que todos los seres humanos tenemos de vivir en armonía y colaborar para lograr el bien común.