Concluida la guerra contra la Triple Alianza, el Paraguay quedó devastado. Con una población reducida y una economía totalmente desorganizada, los esfuerzos de los gobernantes de la posguerra tenían como eje la reconstrucción nacional.

El panorama era desolador. Pueblos y chacras abandonados en zonas rurales, y en Asunción y otras zonas urbanas el saqueo por parte de los aliados estaba a la orden del día. En medio de destrozos, personas deambulaban por las calles, y muchos morían de hambre y cansancio.

La incipiente industria paraguaya de la época de los López volvió a foja cero, las arcas del Estado estaban vacías y el ferrocarril y las líneas telegráficas debían reconstruirse. Frente a ese escenario era natural que la preocupación de los gobernantes de la posguerra fuera la recuperación de la economía paraguaya. Los empréstitos de bancos londinenses de 1871 y 1872 formaron parte de esa lógica, pero más que beneficios, impusieron una carga pesada al país a causa del mal manejo de estos recursos.

Un nuevo impulso al desarrollo industrial, sumado a las actividades tradicionales del Paraguay como eran la agricultura, la ganadería y la explotación maderera, se convirtieron en la salida conocida, pero no inmediata al problema.

Entre los años 1883 y 1885 se sancionaron tres leyes de ventas de tierras y yerbales públicos para oxigenar las finanzas estatales. De esta forma grandes extensiones de tierra pasaron a manos de capitales extranjeros, e incluso de una pequeña elite nacional cercana al poder. Los nuevos terratenientes explotaban la tierra de manera extensiva para la producción de cuero, carne, yerba mate, quebracho y otros productos forestales.

La explotación de yerba mate, quebracho, madera y la ganadería a gran escala daban empleo a una pequeña parte de la población. La mayoría de los paraguayos vivía de la agricultura y la ganadería, ya que el país era básicamente rural.

Con la exportación y las inversiones extranjeras, el Paraguay fue incorporándose cada vez más a la economía internacional. Además del quebracho, la madera y la yerba, algunos artículos de exportación eran el tabaco, la naranja y otras frutas. El resto de los cultivos se destinaba al mercado doméstico constituido por una población empobrecida, con poco poder adquisitivo.

Otra medida de los gobiernos de la posguerra, para dinamizar la economía y recomponer la población –en su mayoría ancianos, mujeres y niños– fue dar luz verde a la inmigración. Con la llegada de europeos, en varias oleadas, comienzan a surgir unidades modernas de producción agrícola que estimularon al sector primario y que influenciaron positivamente al agricultor local.

El comercio exterior se había prácticamente extinguido con la guerra, pero se fue recuperando gradualmente en la década de 1870. Aunque hubo un crecimiento, las importaciones y exportaciones continuaron siendo por un buen tiempo relativamente pequeñas. En Asunción se instalaron varias casa comerciales de ramos generales, que importaban variados productos.

La industria del quebracho data en el país desde 1880. El genovés Juan Bautista Vierci es considerado como precursor de esta nueva rama de la industria al enviar muestras a Europa que permitieron descubrir el potencial del producto. En 1888, el ciudadano argentino Carlos Casado adquiere gran parte de las tierras en la Región Occidental y crea la fábrica para la explotación del quebracho. La industria taninera tuvo mucho auge a fines del siglo XIX y a inicios del siglo XX. También prosperaron las compañías madereras como Fassardi y Cía. creada en 1887 por el inmigrante italiano José Fassardi.