Por Gabriela Rojas Teasdale

@GabyTeasdale

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Uno de los debates más interesantes a los que asistí estaba liderado por los cancilleres de Argentina y Perú, un banquero chino y un renombrado asesor de negocios, y el análisis versaba sobre cómo América Latina puede fortalecer su posición en el mundo. Los panelistas partieron del difícil momento que atraviesa la región tras la desaparición del ciclo de altos precios en las materias primas, la oferta de crédito a tasas bajas y la ralentización de la economía china. El declive de la bonanza dejó a una clase media más fuerte y con mayores exigencias sociales, un cóctel al que se agrega el desenfrenado avance tecnológico que amenaza con desplazar millones de puestos laborales en todo el mundo. Aunque América Latina sigue siendo presentada como una tierra de oportunidades, necesita un nuevo punto de enfoque para redirigir su intercambio, más aún tras la llegada de Donald Trump con su política proteccionista a la presidencia de Estados Unidos. Necesita trabajar para que esos millones de personas que salieron de la pobreza pero se encuentran en el filo de las estadísticas sigan mejorando y para que la gran cantidad que todavía no superó ese estadio tenga el impulso necesario para hacerlo.

Al reflexionar sobre este asunto tuve muy presente un artículo elaborado para el Foro Económico por Asheesh Advani, presidente de Junior Achievement, una organización mundial juvenil dedicada a preparar jóvenes para el éxito. Este comentario revisa estrategias para enfrentar la pobreza desde el lugar que ocupan organizaciones como JA. Es decir, cómo se puede convertir el éxito de pequeños proyectos innovadores llevados adelante principalmente por jóvenes en un tsunami para incrementar los ingresos y reducir la pobreza en toda la región.

Un punto fundamental que menciona Asheesh es la autoeficacia, es decir, la confianza de las personas en su propia efectividad que parte de dominar una tarea pero al mismo tiempo, de ver a otros dominándola en un ejemplo contagioso. Y establece un 10 por ciento como punto de inflexión en el que una idea se propaga entre una población, el punto en el que las creencias de unos pocos son adoptadas por el resto, el punto en el que la autoeficacia se convierte en la estructura de una comunidad.

Fue una sorpresa agradable leer que Asheesh haya puesto como ejemplo el trabajo que hacemos en nuestro país con la fundación Transformación Paraguay, en el que buscamos efectivamente capacitar a un 10 por ciento de la población con lecciones de valores y liderazgo, apuntando a un cambio positivo en la sociedad. Una mención que nos hace aún más conscientes de la importancia de lo que hacemos al impulsar esta gran iniciativa que esperamos sea una semilla para la transformación de toda América Latina. Y que nos compromete a seguir trabajando duro, con mayor ahínco, para llegar a esos 700.000 paraguayos que tenemos como meta.

Definitivamente, América Latina debe fomentar más iniciativas en las que jóvenes puedan desarrollar proyectos efectivos que contagien y nos involucren en la senda del éxito y la superación. Sobre todo cuando transitamos por momentos económicos difíciles, para que sigamos siendo una tierra de oportunidades y grandes riquezas.