En Buyukada, una deliciosa isla en las afueras de Estambul (Constantinopla), terminó de escribir “Historia de la Revolución Rusa”, obra fundamental para cualquiera que intente comprender la dinámica de los procesos revolucionarios.
El Capítulo Once, “Poder Dual”, es un clásico. Y es particularmente pertinente para entender lo que el presidente Fernando Lugo está haciendo con el Partido Liberal Radical Auténtico.
A riesgo de aparecer notablemente pedante, y pidiendo las mayores disculpas por ello, debo decir que los líderes liberales dan la impresión de nunca haber leído a Trotsky, ni a Maquiavelo, ni siquiera a Dick Morris. Dan la impresión de ser víctimas de una incomprensión patológica de la situación en que se encuentran, tan expertos se han vuelto en luchar por cargos públicos y presidencias de comités barriales.
El Partido Liberal Radical Auténtico tiene un marco institucional, conformado por su Convención, su Directorio, su Comité Político, que son sus órganos decisorios.
Siguiendo a Trotsky con asombrosa impunidad, el presidente Lugo paralizó el funcionamiento institucional del PLRA generando de facto un poder dual, integrado por los senadores Luis Alberto Wagner y Blas Llano y por el ministro Efraín Alegre, cuyas conversaciones particulares suplantan a las deliberaciones del Comité Político con el simple expediente de dejar sin quórum -los delegados de los tres mencionados- las sesiones formales de ese instituto o del Directorio.
Así, el PLRA tiene un récord de silencios institucionales sobre asuntos relevantes de la gestión del gobierno, disimulado con pronunciamientos de Llano, Wagner o Alegre, desde la integración del gabinete antes del 15 de agosto de 2008 hasta la destitución de Carlos Mateo de Itaipú.
El presidente Fernando Lugo reemplaza a los órganos electos e institucionales del PLRA con liberales elegidos a dedo por él para simular alguna participación liberal en el gobierno, aunque la realidad es que el gobierno lo ejerce excluyentemente el primer mandatario con los partidos marxistas.
El caso del nombramiento de Elba Recalde en Yacyretá es especialmente didáctico: Se presenta su designación como un cupo otorgado al PLRA, cuando ella misma reconoce que su nominación se debe a su amistad con el presidente Lugo, sin haber pasado por ningún canal institucional del liberalismo.
La confesión de Amanda Núñez, presidenta del partido, el jueves pasado, de que se enteraba de los cambios en las binacionales gracias a los medios de comunicación no solamente es lastimosa desde el punto de vista de la dignidad, sino confirmatoria del funcionamiento pleno de un poder dual que ha quebrado ya al PLRA.
Es Fernando Lugo, hoy por hoy, el verdadero jefe, a todos los fines prácticos, de los grupos liberales liderados por Wagner, Llano y Alegre.
Trotsky analiza en su obra cómo los comunistas conquistaron el poder mediante el método de paralizar a las instituciones formales del Estado ruso, el Parlamento (Duma) y el Ejecutivo, mientras imponían decisiones generales a través de las instituciones informales (soviets –consejos integrados no por representantes elegidos sino por miembros designados).
El más célebre operador de la parálisis del Estado y de la transferencia efectiva del poder a los soviets fue Alexander Kerensky, quien en su calidad de presidente del Comité Provisional de la Duma (que se hizo cargo del Poder Ejecutivo ruso tras la caída del zarismo) y de vicepresidente del Soviet de Petrogrado (San Petersburgo), desarrolló la política que denominó “ningún enemigo a la izquierda” con la que impidió cualquier acción estatal frente al activismo comunista.
Es el papel que el presidente Lugo está haciendo jugar a los senadores Wagner y Llano y al ministro Alegre.
No quiero, ni remotamente, pensar que los tres líderes liberales mencionados deseen jugar deliberadamente ese papel; creo que, más bien, ellos piensan que están acumulando suficiente presencia en el aparato del Estado como para constituirse en factor real de poder.
La caída de Carlos Mateo, sin embargo, muestra que los cargos administrativos en el Estado son nada, por más importantes que parezcan. No son poder. El poder es otra cosa y el hecho de que parezca que los líderes liberales lo confunden con cargos es lo que me hace pensar que no leyeron aquellos libros básicos mencionados al principio.
Publicado el 05.02.10 07:51:00 PM
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